SILENCIO ...... SILENCIO:

SILENCIO … SILENCIO …. No importa si soy hombre o mujer. No importa. Digamos que solo soy persona, nada más … y nada menos. Todos alguna vez, de alguna manera, hemos padecido en nuestra vida lo que se denomina vulgarmente un “gatillazo”. Si somos hombres, lo hemos sufrido en nuestras carnes y sobre todo en nuestro orgullo.. Te mueres de ganas, el deseo aumenta, te sientes con ganas de comerte …. el mundo, y…. ¡¡¡¡Chofffffff !!!! Se cayó todo, nada que hacer, todo se ha venido abajo. Si somos mujeres, parecido. Sientes que subes a las nubes, feliz, esperando el oro y el moro . ¡Por fin!. Llegó el momento de estar con ese señor tan estupendo que después de mucho trabajarlo y haber empleado todos tus encantos, ha puesto sus ojos en ti. Y sus manos. Llega el momento. Te abraza. Te acaricia. Te besa, y … ¡¡¡¡ Chofffffff !!!! Se cayó todo. Nada que hacer. Pero hay otro tipo de “gatillazo”, más doloroso, más descorazonador, más triste aun si cabe. Cuando crees que la persona que está contigo empieza a sentir algo por ti, algo como lo que tu sientes, algo que va en aumento y que podríamos intuir que se va a convertir en un sentimiento bonito, sin más explicación, sin saber por qué … ¡¡¡¡Choffffff !!!! todo se viene abajo, si te he visto no me acuerdo. Silencio. Se acabó. Esos son “los gatillazos del alma”, y eso señores, es lo que a mi me acaba de pasar. Así, que hoy … Siéntate a mi lado. No digas nada. No diré nada. Tu silencio. Mi silencio y … ya está todo dicho. Hoy no hay más. Hoy, esto es todo. Los “gatillazos” del alma no tienen género. Y a diferencia de los otros, dejan cicatriz. Aurora Segui Bielsa.

Destrucción de la Torre de Babel, de Cornelisz Anthonisz Teunissen, 1547


https://youtu.be/_zeza1xeWKM   Antonioni: Blow Up (escena en que destruyen una guitarra) 

Comentarios

  1. Soy el pistolero más rápido del Oeste. He venido a este pueblo (Calabacines Town) a retar a quien se tenga por valiente y si no, a quien represente a la autoridad. Aquí estamos, bajo el sol del mediodía. Polvo, sudor y fierro el Cid cabalga... Perdón, ha sido un despiste, ya vuelvo al Oeste. Digo que aquí estamos, frente a frente, ese sheriff imberbe y tembloroso que no habrá matado ni media docena de borrachos desarmados, y yo (mal está que lo diga, pero además de avezado tahur con experiencia en series y largometrajes, soy un eficaz asesino por cuenta propia y por cuenta ajena con una hoja de servicios de varias páginas), ambos dispuestos a enviar al otro al desangelado cementerio de este villorrio batido por el viento y por esas bolas de matorrales secos tan características. Escupimos al suelo el pitillo que estábamos fumando. Nos miramos a los ojos. Una sonrisa irónica adorna nuestras jetas. Nos aseguramos discretamente de que no haya bosta de vaca o de caballo en las proximidades (por si tuviéramos que caer al suelo heridos en un costado que sea con dignidad). Disimuladamente y de reojo comprobamos que la bella Emiliana -Emily-, única bailarina y camarera del Saloon, observa el duelo desde la ventana del dormitorio donde ejerce su tercer y más popular oficio esperando a ver quién cae mortalmente herido para intentar casarse con el otro (si el cabrón del guionista le permite de una maldita vez cambiar de papel). Este pobre sheriff está que no le llega la camisa al cuerpo. Estamos en posición. Sacamos las pistolas. El sheriff más bien despacio. Yo, a la velocidad del rayo. Antes de que pueda empuñar el arma ya le apunto al corazón. Ha llegado el momento de demostrar que donde pongo el ojo pongo la bala, con mi revólver (marca Colt, por descontado) perfectamente engrasado, regalo de mi bisabuela aquella vez que los ferocísimos indios cheyennes atacaron nuestra caravana y a punto estuvieron de robarnos la dinamita. Disparo. ¡Mierda! No he podido disparar porque he sufrido un gatillazo. Quiero decir que la pistola estaba tan bien engrasada que el chorreante aceite ha causado que mi dedo resbale por el gatillo sin haber disparado. ¡Ay! Este panoli ha tenido suerte. Pese a ser más lento que el caballo del malo ha conseguido meterme una bala en la frente. Tras un momento de quietud caigo de espaldas y muero. En el último momento me ha parecido ver pasar, allá al fondo, a los Hermanos Dalton. Hay que joderse.

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    1. Que buena versión de un gatillazo! Originalidad en estado puro

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  2. Excelente e ingeniosa versión de gatillazo en que todo se viene abajo. Para ilustrarlo: la Torre de Babel derrumbándose y una escena de la película Blow Up, de Antonioni, de 1966 en que un músico, enfadado porque hay problemas de sonido, destroza su guitarra.

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  3. Que decirte? Estupendo todo, muchas gracias

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  4. ESTOY CONTIGO EN EL QUE LOS GATILLAZO DEL ALMA SON MUCHO MÁS DOLOROSOS.

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  5. Si, y como digo, dejan cicatriz. Gracias Pepe

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  6. Ohh! tiene unos giros estupendos este relato. Enhorabuena.

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