ESE TIEMPO PERDIDO ......... Y TÚ
Mi avión acaba de aterrizar en el Aeropuerto Internacional de Atatürk.
La verdad, no sé todavía por qué he venido.
A pesar de la fascinación que esta ciudad ha ejercido siempre sobre mi y aunque no se pueda negar la belleza de otras ciudades como París o Roma, o el exotismo de otras como Marrakech, Jaipur o El Cairo; Estambul tiene esa mezcla especial de Oriente y Occidente que me hace volver a ella cada vez que mi alma tiene necesidad de calma y sosiego. Esa comunión de cuerpo y espíritu que solo se puede conseguir en algunos lugares privilegiados.
He dejado mi escaso equipaje en donde me voy a alojar ; uno de esos pequeños hoteles con encanto en la parte antigua, en los que al atardecer y al amanecer escuchas las plegarias múltiples del Imán en cada una de las miles de mezquitas de la ciudad.
Tengo que llegar antes de la puesta de sol. Apenas tengo el tiempo justo para alcanzar lo alto de la colina de Eyüp. El taxi me deja en la estación del teleférico con el que alcanzaré la cima.
Allí se encuentra el Café de Pierre Loti. Inexplicablemente no hay demasiado público y puedo conseguir una mesita en primera línea, desde donde veo en su totalidad el maravilloso espectáculo de la puesta de sol sobre el Bósforo y El Cuerno de Oro.
Solamente faltan unos minutos para disfrutar de tanta belleza, por fin el cielo se abre para mostrarnos mil colores y las maravillosas tonalidades de ese azul del estrecho que separa Europa de Asia, mientras bebo a pequeños sorbos un te bien caliente, con ese sabor que solo tienen las bebidas tomadas en los lugares mágicos.
He dicho antes que no sé porque he venido, pero si, claro que lo sé, hoy es tu cumpleaños y hace ya algún tiempo prometimos que cada año, aunque la vida nos hubiera separado, nos reuniríamos aquí.
Lentamente apuro mi te y después de dejar el importe al camarero, empiezo a descender la colina.
Tengo que hacer el regreso andando para acudir a nuestra cita.
He llegado. Lentamente me adentro en el cementerio musulmán de Eyüp, y me detengo delante de un pequeño montón de tierra en donde solo figura un nombre; Nassima Moubarak.
Dejo sobre el montículo de tierra la rosa que ha viajado conmigo desde España y mientras una lágrima cae por mi rostro, pienso en la tremenda injusticia que no permitió que compartiéramos nuestra vida.
Dos religiones, dos mundos, dos corazones.
Nunca Estambul ha vuelto a ser igual para mi, pero de una cosa si estoy seguro aunque muy corto e irrecuperable, nunca será tiempo perdido el que tu y yo pudimos compartir en esta maravillosa ciudad, mi amor, aunque ya nunca Estambul sea la misma.
Ni yo tampoco.


Es un relato estupendo, una historia preciosa de amor
ResponderEliminarMuchas gracias Ana, ya sabes que a mi el amor me pierde
EliminarGracias Salva por la preciosa foto, supongo que la habrás colgado tu. Como anillo al dedo, no podía ir mejor.
ResponderEliminarPrecioso, Aurora. No se puede pedir más.
ResponderEliminarGracias Mercedes. Me alegra que te haya gustado
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