LA POBRE DE MERCADONA.
La veía día tras día en la puerta de dicho supermercado. Se pasaba horas sentada en el suelo, daba igual que lloviera, tronara, o cayera un sol de justicia. Ella estaba allí de lunes a sábado y desde que abría sus puertas, hasta que cerraba.
Estaba extremadamente delgada, con esa delgadez del hambre no elegida y de un pasado lleno de carencias y excesos. Carencia de lo mas vital y exceso de todo lo que puede acabar con una persona.
Sus ropas , harapos, apenas cubrían su débil cuerpo de la crudeza del frío invierno y del sol abrasador del verano.
La roña formaba una costra sobre toda la piel que se veía, y se podía adivinar que lo que tapaba la escasa ropa, aun estaba peor.
En su boca no quedaba un solo diente y su pelo era una larga maraña sucia de grasa y mugre.
Cada vez que yo iba a comprar se me acercaba.
- ¡Guapa, tengo hambre, dame algo, lo que sea, ropa, comida, dinero, lo que sea!
Yo le compraba siempre algo, leche, embutido, fruta, algún bocata …dinero no. Sabía que tomaba drogas y además algunos días rondaba por allí un tipo mal encarado, debía de ser su chulo porque un día vi como le pegaba y la tiraba al suelo porque no tenía el dinero para darle lo que él le pedía
Poco a poco fue cogiendo confianza conmigo. Me contó que tenía tres hijos y que se los habían quitado los de Asuntos Sociales por no atenderlos , y por ser drogadicta. Además tenía el SIDA
Me contó también que hace muchos años tenía una vida más o menos tranquila, pero las malas compañías la llevaron a las drogas y desde entonces hasta ahora a una cuesta abajo hasta el infierno.
Así fue pasando el tiempo, yo comprando comida y llevándole algo de ropa, y ella contándome capítulos de su triste y azarosa vida.
La última vez que la ví, me dijo que tenía una nueva pareja que era mejor que la anterior , porque le pegaba menos, aunque los moretones y heridas seguían viéndose en ella.
Por más que yo le dije que lo denunciara y que se fuera a un albergue de acogida, no hubo manera. Siempre volvía con él. Los golpes, moraduras y hasta alguna fractura en un brazo, se sucedían. Cada vez más aparatosos, cada vez más violentos.
Un día, cuando llegué a Mercadona a comprar, no estaba. Me preocupé pues nunca había dejado de ir en todo el tiempo que yo la conocía, pero pensé que a lo mejor había cambiado de sitio o que sé yo.
Nunca la volví a ver.
Una mañana, en el periódico apareció una pequeña reseña de que habían encontrado el cadáver de una mujer muerta, apuñalada supuestamente por el que había sido su pareja.
Como único dato decían que era una indigente que solía pedir todos los días en las puertas de un conocido supermercado.
Tenía 34 años.
Se llamaba María.
Aurora Segui Bielsa


CONOCÍ DE CERCA ESE AMBIENTE. FUE EN LOS AÑOS 80 Y TANTOS. LA GENTE QUE ESTABA INMERSO EN EL MUNDO DEL CABALLO, VIVÍA PARA PROCURAR CONSEGUIR SU DOSIS DE HEROÍNA. NO CAÍ EN ESE MUNDO POR MIEDO A PERDER EL CONTROL, EL DESCONTROL ME HACE SENTIRME MAL. ME HICE CON UNA HEMBRA DE PASTOR ALEMÁN, Y ME ALEJÉ DEL AMBIENTE DE "EL BARRIO", ALQUIEN UNA CASITA EN LA ALBUFERA, AL LADO DE MONTEMAR, UNA GOZADA, HABÍA CAMPO, VEGETACIÓN. ME SALIÓ DAR CLASES DE INTERINO Y A LA VEZ ME PREPARÉ LAS OPOSICIONES, CUANDO EN 1988 APROBÉ EN TERRITORIO MEC ME FUI A VIVIR EN EL MAR MENOR, DANDO CLASES EN CARTAGENA. CONOCÍ A EUKENE. HABÍA GENTE QUE NO ESTABA ENGANCHADA AL CABALLO, A SUS CONSECUENCIAS DEL SIDA, AL HURTO POR COMPRAR SU TALENTO. EUKENE FUE MI SEGUNDO ÁNGEL. ME ENTERÉ DE SU FALLECIMIENTO CUANDO EN 1996 ESTABA EN UN INSTITUTO DE ALMORADÍ. UN BAJO DE NARANJA SE LE ATRAGANTÓ. CONSERVÓ SUS CARTAS. ¡SACA A LA LUZ EL CORREDOR QUE HAY EN TI! ME ESCRIBIÓ UNA VEZ, Y EN ELLO ESTOY.
ResponderEliminarúsalas, seguro que no tienen desperdicio.
EliminarMALDITO CORRECTOR, "GAJO" DE NARANJA
ResponderEliminarQué triste tu historia y qué frecuente. muy bien Auro.
ResponderEliminarMuchas gracias Ana. Ya reconté creo la polémica generada por este relato. En fin...
EliminarSi naciste para martillo del cielo te caen los clavos. Y si naciste para clavo del cielo te caen los martillos. Tremendo.
ResponderEliminarBueno. He encontrado la foto de una escultura que representa la mendicidad y la he puesto para que acompañe el texto. Si no gusta la quito.
Me encanta tu foto, Salva. Muchísimas gracias. Inspira una tristeza que raya en la desesperación. Gracias de nuevo. Todo un detallado
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