GATILLAZOS

 

Izaskun Takinte estaba negra: Tantos años enamorada hasta las trancas de Gorka Pullo y, ahora que por fin había conseguido enrollarse con él, tenía que ocurrirle esa fatalidad.

Habían coincidido en el instituto y quedó instantáneamente obnubilada y prendada. Y no es que Gorka Pullo fuera precisamente guapo: parecía el hijo combinado de Aigor (el del Jovencito Frankenstein) y Kike San Francisco, si tal cosa fuera posible, si bien, ornado por las distinguidas orejas de Carlos de Inglaterra.

Pues no, guapo no era y su físico, más que de macizo habría podido calificarse de “cuerpo escombro”; pero entre que el amor es ciego y que Gorka podía presumir de una pinta de crápula y un andar chulesco, gracias en parte a sus piernas arqueadas, Izaskun enloqueció de amor en menos que canta un gallo.

Ya habían transcurrido treinta años sin que ella hubiese conseguido lanzarse y sin que él se apercibiera de su tórrida pasión, cuando se reencontraron, en plena pandemia ¿Dónde? Pues ante las vitrinas de congelados del Mercadona, claro está. A pesar de la mascarilla, Izaskun reconoció a su frustrado amor por las orejas.

Y, tras varias salidas y sendos “peceerres”, se lo llevó a consumar a su casa.

Pero no hubo manera. “Es la primera vez que me pasa”, murmuró Gorka. “No tiene importancia”, mintió, consternada, Izaskun. Y, emprendedora y sin darse por vencida, se puso a la faena.

Se pasó el día posterior frustrada, lloriqueando y con agujetas en la mano derecha, la lengua hinchada y los labios entumecidos ¡Vaya fracaso! ¡Eso es que no le gusto, que horror y qué vergüenza!

En la siguiente cita coquetearon y se besaron como si no hubiera un mañana y como si no hubiera ocurrido nada; pero, a la hora de la verdad, tampoco se levantó nada. Ella se esforzó un poco menos que la vez anterior y tuvo que contenerse para no preguntarle si es que no le atraía, o si estaba enamorado de otra, o si era gay, o si era que ella estaba demasiado gorda o demasiado flaca: Le daba miedo la respuesta.

Y así una y otra vez. Gorka no cejaba en las frases de asombro ante su estrepitosa flaccidez y la pobre Izaskun no cesaba de repetir que no pasaba nada.

Al contrario que Gorka, Izaskun era bastante guapa y estaba de muy buen ver y mejor palpar, pero ante semejante fracaso erótico, empezó a coger un tremendo complejo. Ya estaba a punto de pedir un crédito rápido, de esos que anuncian por la tele, para hacerse unos retoquitos clandestinos en la trastienda de la peluquería de su barrio, cuando se encontró con su antigua amiga, Concha Fardera.

-Oye, chica, que me pareció verte el otro día con Gorka Pullo. No me digas que estáis saliendo. Bueno, supongo que ya habrá resuelto su problema.

-¿Qué problema?

- La impotencia, hija, que no se le levantaba ni con una grúa ¿No te lo ha contado?


https://youtu.be/QcQrIo6xs9s   ¿Igor o Aigor? ¿Qué joroba? 


Comentarios

  1. Me he reído mucho, ayer también. Muy bueno Mercedes, y muy mala leche de Concha Fardera.
    ¡Hay que ver, cría amigas para eso!

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  2. Ejem... He pensado ilustrar este relato con un retrato de Igor y un fragmento de la película.

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  3. Muchos amores no deberían pasar de ser platónicos.
    Es un relato muy divertido.

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