LOS GATOS DE INMA

 

Inma se casó por todo y por nada. Porque todo estaba preparado y porque Fran era su primer novio. Porque aunque había perdido al niño era lo que se esperaba de ella. Porque su padre la miraba feamente cuando volvía cada noche a casa y por perder de vista a la monja de su hermana. Porque iba a estrenar un nidito de amor y por no oír a su madre que era muy pesada.

Inma se separó por todo y por nada, porque tenía treinta años y miedo a cumplir más sin haber vivido un amor de película. Porque, sin saber cómo, el bingo se le metió en las venas y ella pensaba que el culpable era Frank. Porque estaba sola, tantos años…. tantos, con los dos niños, pero tan sola.

En la esquina, detrás de su casa, el bingo abría para cobijar a  gente tan sola como ella. Al principio, los Martes, de cuatro a cinco, un ratito antes de recoger a los críos del colegio. Luego fueron dos y después cuatro veces por semana, a la hora de los desheredados, el tiempo pasó como una exhalación. Los niños se quedaron solos en la parada de bus.

La tarjeta entró por la ranura del cajero y ya no salió.

 Hasta el día que,  a punto de cantar línea, sintió un vahído, los números se borraron ante sus ojos, se convulsionó y lo tomó como una señal de advertencia, no volvería a entrar en una de aquellas salas, algo dentro de ella le dijo que si volvía no podría salir.

Uno, dos, tres, siete novios en un año, a parte de los rollitos. La cama dejó de ser ese espacio cálido donde se refugiaban sus hijos cuando sentían miedo o simplemente cuando la añoraban, y pasó a ser el tálamo en el que sus esperanzas chocaban con una realidad sórdida y vacía de afectos, en donde no eran unos bracitos infantiles los que rodeaban su cuello, sino un conocido que por algún pequeño, o gran, detalle pasaba de pronto a ser un extraño.

La aceptación del fracaso se cebó con ella. Nadie le dijo que eso nunca se debe aceptar.

Los niños ya no son niños, Inma vive las historias de amor en el cine  que, como mucho, duran dos horas, en la vida real le duran menos, se siente sola y cuando hace balance de su vida dice que no tiene nada, solo sus gatos comprenden su mirada.

No puede evitar sentir que su vida ha sido un tiempo perdido.

 

14/12/2020

 

 

Comentarios

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  2. El gato sólo admira al hombre cuando echa un leño más a la chimenea, Ramón Gómez de la Serna, Greguerías

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  3. ASUNTO: A VECES NO SE PUEDEN ESCRIBIR COMENTARIOS
    He hecho una comprobación. Hace un rato yo no podía escribir comentarios. Ahora sí. La diferencia es la siguiente: antes accedí al blog de un modo protegido (no domino la terminología) en el que mi ordenador no podía guardar determinada información. Ahora he entrado asegurándome de que no había ninguna cortapisa, limitación o lo que sea.
    Creo, por tanto, que cuando pones límites a tu máquina para que no guarde datos sobre lo que haces o para que no los facilite a Google, es entonces cuando -en venganza- el sistema no te deja escribir comentarios.

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  4. Una historia común, supongo, y muy bien contada.

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  5. A mi me ha gustado Ana, es lavada, pura y dura.

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  6. Perdón, he querido decir la vida pura y dura. Este corrector ....

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