LA NARRADORA DE HISTORIAS

Ella cuenta historias. Algunas son tristes, otras desgarradas. Ha pasado mucho tiempo ignorando que la querían. Ha suplicado que la quisieran los que la ignoraban. Ha dejado pasar los años sin quererse lo suficiente como para construir sus alas y cuando lo ha hecho por fin, su mochila pesaba demasiado como para que ella pudiera emprender su vuelo. Escribe porque las palabras calman su angustia, apaciguan las punzadas que siente cuando todo se vuelve del revés y se estrella contra el suelo, cuando revienta y su alma se desparrama a pedazos, a menudo tan pequeños que ya no se pueden volver a recomponer. A veces el mundo da la vuelta y ella se cae por no tener donde agarrarse. Y revienta otra vez, y vuelve a reventar, porque sus historias son el resultado de miles de noches cargadas de sueños que nunca se realizaron, de princesas que besaron al sapo equivocado que nunca se convirtió en el príncipe soñado. Ella ha aprendido a transformar su dolor en sueños, en una casi belleza irreal que se convierte en humo. Cuando escribe y está contenta, visita lugares que nunca existieron y los personajes de sus cuentos son marionetas que casi puede manejar sin hilos. Cuando está sola, vive de sueños y si se esfuerza mucho, casi los toca, pero a veces es tan arisca que ella misma se araña. Ella cuenta historias de princesas guerreras, de caperucitas malvadas, de lobos que bailan, de brujas bondadosas y de bestias cansadas de ser bestias. Camina, quiere llegar a alguna parte, pero sobre todo quiere dejar de pensar un rato, quiere soltarse y bailar, quiere que su cuerpo rígido sea flexible y mágico. Ella cuenta historias, se evade del mundo para relatar como es el mundo. Se aleja para sentirse cerca. Se va para volver sin miedo. Tantas veces ha quedado hecha añicos, que ha cambiado de forma, aunque su esencia continúe intacta. Tantas veces se ha roto, que atesora con orgullo sus pedazos para recordar que supo resurgir de ellos. Lo que no existe, lo crea, lo imagina, lo hace real. Cuando ama, todas las palomas emprenden el vuelo, y ella también lo hace, pero sin levantar la vista del suelo. Ella cuenta historias tristes … a veces… pero siempre llevan prendido un pedazo de esperanza. Ella cuenta historias. Quizás porque la suya no la contó nunca. Ella cuenta historias. Aurora Segui Bielsa

Comentarios

  1. Parece que los sapos de determinadas especies segregan sustancias alucinógenas. Pero claro, no todos los sapos prestan ese servicio (un tanto peligroso, alguno ha muerto haciendo la prueba). Aquí se nos habla de ciertas princesas afortunadas que besaron al sapo equivocado y no sucedió nada. No alucinaron, no enfermaron, no murieron. Y prosiguieron su aburrida y feliz princesística. Por otra parte no hay noticia, en los anales de la ciencia, de sapos convertidos en príncipes. Tampoco la sabiduría popular nos da noticia de este fenómeno. Otra cosa es la conversión de príncipes en sapos, metamorfosis esta que parece bien documentada.

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    1. Incluso existe una boyante Asociación para la defensa de los príncipes convertidos en sapo a causa del beso traicionero de una princesa. Sus demandas de indemnización son tremendas. También tiene por objeto, según sus estatutos, la reversión al estado humano-principesco, pero siempre bajo el principio "No sin mi mosca". Y es que la sapoidad engancha.

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    2. ¡Madre mía Salva! No se te escapa una, ni das puntada sin hilo, no pensaba yo que mi relato diera tanto de sí. Muchas gracias, no había yo captado esa serie de matices.

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  2. Ya te lo dije, es muy tú, un desnudo integral.

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    1. Ya lo creo, fíjate que ni siquiera lo voy a subir a Facebook ...

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  3. Aparte del fondo, evidentemente "muy tú", como dice Ana, me gusta mucho la forma, tan lírica.

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  4. Muchas gracias Mercedes. La tertulia del otro día estuvo llena de lirismo y emotividad e intimismo, me gustaron mucho en general los relatos.

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