ELLA, ÉL Y EL TIEMPO PERDIDO.

Diego llevaba varias noches sin dormir dándole vueltas a lo mismo. Todo había sido una pérdida de tiempo. Aunque había conseguido llevar una existencia más o menos cómoda, un matrimonio que en su momento creyó que iba a ser eterno y un hijo estupendo, siempre la recordó. Nunca pudo olvidar a aquella niña larguirucha y flaca con la que jugaba todos los veranos cuando iba a pasar el mes de vacaciones de sus padres a aquel pueblecito costero que tanto les gustaba. Ella vivía allí y tenía ocho años. Él diez. Alba era un poco chicote , se subía a los árboles mejor que todos los muchachos de la zona, era valiente, atrevida, nada vergonzosa, le gustaba ir de líder y llevaba detrás a toda la chiquillería de la zona, que bebían los vientos por ella y hacían todo lo que les mandaba. Pero ella prefería jugar con él, subirse al viejo algarrobo y pasar la tarde hablando como dos loros. El tiempo fue pasando y los niños crecieron . Alba dejó de ser flaca y larguirucha y se convirtió en una preciosa adolescente y él empezó a verla con otros ojos. Ya no jugaban , ahora bailaban en la terraza canciones de Adamo y de Mamas and the Papas que sonaban en el viejo tocadiscos de pilas, o aprovechaban para darse chapuzones en la playa y abrazarse con disimulo. Y empezó a notar como temblaban sus manos cuando la cogía por la cintura para bailar en aquellos guateques y como se le aceleraba el corazón y todo lo demás cuando ella le sonreía o lo rozaba sin querer. Se enamoró como un colegial verano a verano, año tras año, pero nunca le declaró su amor, hasta que un verano ella le dijo que tenía novio y a él se le cayó el mundo encima, pero siguió callando . Luego él se hizo novia y dejó de ir con sus padres de veraneo. Pero nunca la olvidó. Él se casó y tuvo un matrimonio tranquilo, sin emoción, sin gran amor ni pasión. Las amantes se fueron sucediendo una tras otra , pero nunca pudo olvidar a Alba. La buscó por todas partes, hasta que un día por una de esas redes sociales la encontró . Desde la pantalla de su ordenador ella le sonreía con la misma sonrisa de cuando tenía 15 años. Consiguió ponerse en contacto con ella, quien le contó que su vida tampoco era un camino de rosas y que nunca había olvidado aquellos maravillosos años. Después concertaron una cita. Llevaba varios días nervioso, emocionado, asustado, ilusionado … no sabía lo que le pasaba, solo que se moría por volverla a ver, por abrazarla, besarla y decirle que siempre la había querido, por recuperar todo ese tiempo perdido. Y el día había llegado y cuanto más se acercaba la hora, más nervioso estaba. Pero de pronto, la realidad le cayó encima aplastándolo como una losa. Y tomó una determinación. Llegó a la cafetería un poco antes de la hora, pero en vez de entrar, se quedó escondido frente a su puerta mirando, esperando … Ella llegó , y el tiempo se detuvo. Sentía el mismo aleteo en su corazón y en sus sentidos como tantos años atrás. Se recreó mirándola de arriba a abajo y sus ojos se humedecieron al comprobar que su amor por ella seguía intacto. Esperó unos minutos y entró en el local. Ella estaba sentada en una mesa hojeando un libro. Diego llamó al camarero y le entregó una nota cerrada con el encargo de que se la entregara a la señora que esperaba en la mesa. Después dio media vuelta y se marchó. En la nota solo decía : “El tiempo , ladrón y asesino de ilusiones y esperanzas , nunca nos devuelve lo que nos quitó. Perdóname amor, nunca se puede recuperar el tiempo perdido pero siempre serás mi más bello recuerdo. Te quise, te quiero y te querré”. Diego.

Comentarios

  1. Muy bien Auro. Es una mezcla de realidad y ficción, estas cosas pasan

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  2. Miedo escénico, creo que se llama lo que le pasó al protagonista de esta historia.

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    1. Exactamente! Al pobre le entro io que se llama vulgarmente un canguelo.

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  3. Cuidado con tus deseos, porque pueden cumplirse ¿no?.
    Muy bueno, Aurora.

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  4. Muchas gracias Mercedes. A veces lo malo de los sueños es que se pueden cumplir, si. Y nos puede pasar como al prota de mi historia.

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