Puma real

 

Una tarde, cuando Carolina volvió a casa desde el instituto, no se vio arrinconada por los lametones del perro, ni tuvo que quitarse de la cintura los bracitos pringosos de su hermano menor, ni escuchó el crepitar de las cotidianas fritangas en la cocina, ni al padre pontificando sobre cualquier asunto transcendental para la humanidad, ni al abuelo tosiendo estrepitosamente como para no enterarse, ni a su hermano mayor quejándose de un estruendo tal que no le permitía estudiar.

Y no era precisamente que reinase el silencio, sino que todo el sonido provenía de la misma fuente: de la televisión que presidía la salita de estar. Carolina, que, en plena adolescencia, recién estrenada la década de mil novecientos ochenta, tenía a gala ser progre y, consiguientemente no ver jamás la tele (aunque, a su pesar, se le iban los ojos alguna que otra vez), decidió dejar para otra ocasión su desdeñosa actitud y preguntó, mientras avanzaba por el pasillo: “¿Pero qué pasa?

-Es er puma, er puma-, respondió a gritos el pequeñajo; de lo que Carolina dedujo que estaban viendo un programa de esos del hombre y la tierra o como se llamasen, aunque a ella le pareció escuchar a un tío cantando ¿Se habría vuelto loco Félix Rodríguez de la Fuente? ¿Pero, no se había muerto hace poco? En cualquier caso, programa de fauna debía ser, pues la atenorada voz repetía incansable: “Pavo real, pavo real”.

Pues, no; resultó ser un musical. En el centro de la pantalla un individuo vestido con una especie de esmoquin y con una cabellera tan frondosa que le daba aspecto indudable de donante de pelo, se desgañitaba cantando la letra más absurda que Carol había escuchado en su vida.

-Mira, hija, mira, la conminó, extasiada, su madre, mientras se secaba las lágrimas con el delantal.

-Qué maravilla, convino el padre, no menos obnubilado.

El abuelo tenía la boca abierta y el hermano empollón lucía una sonrisa beatífica.

-Es que no me lo creo ¿Por qué os fascina tanto ese tipo que parece una mala caricatura de Felipe González? Y, anda que llamarse Puma.

- Se llama José Luis Rodríguez, aclaró el hermano (ignorante entonces de que ese cantante que se parecía algo físicamente al flamante presidente del Gobierno, tenía, así mismo el nombre y primer apellido de otro presidente del PSOE, que sería electo allá por el futuro 2004).

- Pero no estamos precisamente congregados en torno a “El Puma” ¿Es que no notas nada raro, nuevo y maravilloso? Acaban de instalarnos la tele nueva.

- ¡Una tele EN COLOR!



Comentarios

  1. Si hemos sido capaces de sacarle punta a este tema, somos capaces de todo.

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  2. Peor: hemos sido capaces de convivir con canciones y personajes como el mencionado, adornando nuestro mundo de mal gusto y cutrerío.

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  3. Como dice Ana, ¿hay que ver lo que ha dado de si el tema! ¡increíble nuestra imaginación!

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