"LA NENA"

Sentada en su mecedora, como ya era habitual en ella, “la nena” miraba por la ventana de la pequeña habitación que daba al patio interior de la residencia en donde estaba recluida. Ya no recordaba ni como se llamaba. Siempre había sido “la nena” , primero para sus padres, abuelos, tíos, y hermanos, fue la única chica nacida en una familia de hombres, después para su marido. Sus primos y amigos , a fuerza de escuchar el apodo terminaron llamándola igual, “la nena”. Se quedó viuda muy joven , sin hijos, no tuvo tiempo de tenerlos. Tampoco lloró demasiado a su marido. Fue un matrimonio pactado por su padre con un amigo suyo de su misma edad. Y siguió siendo “la nena”, la que cuidó de sus padres hasta que murieron y después a sus sobrinos cuando eran pequeños, para que sus cuñadas y hermanos fueran a trabajar, o a salir de fiesta, o de viaje ….pero a ella nunca la llevaron. Así fue pasando el tiempo. Sus sobrinos creciendo mientras ella envejecía. Jamás se le conoció un amor, claro, ¿cómo iba a tenerlo? Siempre cuidando a los demás …. Ella era feliz con los hijos de otros , pensando que ese amor iba a ser para siempre, pero cuando sus sobrinos dejaron de ser niños, las cosas cambiaron. Cada vez la visitaban menos . Al principio la invitaban algún domingo o festivo a comer, en Nochebuena o Navidad, pero conforme el tiempo fue pasando, las invitaciones y visitas se espaciaron más y más. . Hasta que pasó una Nochebuena y una Navidad, y otra, y otra, y otra ….y nadie la llamó ni visitó, ni tampoco la invitaron a ninguna de sus casas. “La nena” languidecía sola y mustia, como esos ramos de flores que se olvidan en un jarrón sin que nadie les cambie el agua, hasta que empiezan a marchitarse y pudrirse . No tenía amigas, ni a nadie con quien compartir su soledad,. Había dedicado su vida a cuidar de las de los demás y ahora que lo necesitaba, nadie cuidaba de ella , ni la acompañaba. Sus sobrinos empezaron a decir que “ si ya era muy mayor para vivir sola”, que “ellos no podían cuidarla con sus trabajos” y que la mejor solución era “una residencia (no de las caras, claro, no se iban a dilapidar los ahorros de “la nena” que cuando faltara, pasarían a sus manos como sus únicos herederos) Así, un buen día, se encontró encerrada en uno de esos sitios que con gran rimbombancia llaman Residencia Geriátrica de la 3ª Edad, pero que no dejan de ser cementerios de elefantes. Ya tenía casi 80 años, y las cuidadoras y personal del Centro, también la llamaban “la nena” . Estaba hasta el gorro. Se asomó a la ventana y pidió a la vida – “Pistas, dame pistas, vida, ya no quiero ser la nena , ya está bien, dame pistas para acabar con esto”. Y entonces lo vio claro. Sacó una pierna y luego la otra y con un pequeño impulso se dejó caer desde el sexto piso en donde estaba su habitación. Lo último que escuchó antes de exhalar su aliento final, fue la voz de un celador diciendo : - “La nena” se ha tirado por la ventana, un carcamal menos. Antes de morir aun pudo esbozar una sonrisa. Casi le gustó su nuevo apelativo, carcamal. Por primera vez en su vida tenía un nombre distinto.



 




Comentarios

  1. ¡Qué tierno, qué triste y que injusticia que ésta sea una historia que se repite tanto en la vida real!
    Muy bueno, Aurora.

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  2. Qué pena me da este relato, me hace sufrir.
    Muy bien contado

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  3. Gracias Mercedes y Ana. Es muy triste, si, pero por desgracia ¡tan real!

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