Y entonces sucedió

Sisebuto Sinsal estaba en la habitación 161 del hospital Nuestra Señora de la Repesca, recuperándose de  una  operación  de  hernia  inguinal,  cuando,  ante  sus  narices,  apareció un individuo trajeado, encorbatado y con un portafolios.

 -¡Ah, no! – exclamó Sisebuto- No tengo padres ni esposa ni hijos, así que de ninguna manera suscribiré un seguro de vida- El supuesto agente de seguros lo miró con conmiseración y le dijo: “Nada de seguros, soy la Muerte y vengo a llevarme tu espíritu al más allá”. “Sí, con esa pinta”, se mofó Sisebuto.

 Entonces, la sedicente Muerte se deslizó tras el biombo diciendo: “Pues anda, que si el problema es la pinta…¿Te gusta ésta, pillín?” Y reapareció transformada en una rubia explosiva, todo morritos rojos, medias de red y escote hasta el ombligo, en la más pura imitación de las enfermeras de pelis de destape.

 -¿Pero qué broma es ésta?- Preguntó Sisebuto, ya francamente aterrado- Si sólo me han operado de hernia, estoy sano, hago deporte, no fumo, no bebo y, y…apenas tengo 45 años. Esto tiene que ser un error, sin duda.

 -Lo siento, caballero, así es la vida, estooo, quiero decir, la muerte ¿No es cierto que ésta es la habitación número 161 y que usted es el único ocupante?, repuso sacando de su antiguo portafolios, ahora coquetón bolsito, una libreta, que consultó -Pues, blanco y en botella. Anda, guapito –añadió metiéndose de nuevo en el papel de enfermera calentorra-, no me lo pongas más difícil ¡Estamos tan cerca, deja que te toque, así, en el corazón!

 Y entonces sucedió: Aquella tarde, a las cuatro, la habitación número 161 del Hospital Nuestra Señora de la Repesca quedó libre. Su ocupante falleció inopinadamente cuando le iban a dar el alta.

 -Fue un hombre bueno, querido por todos, de vida ejemplar y sanísima; parecía tener mucho tiempo por delante pero el Señor le ha llamado a su lado y los designios del Señor son inescrutables - sentenciaba el cura en la pequeña capilla del tanatorio.

 Mientras, a las cuatro de la tarde del mismo día, en la habitación nº 161 del Hospital Nuestra Señora de la Reseda, D. Rogelio Rojales, de noventa y ocho años, paciente de cuidados paliativos, terminal, que acababa de recibir los santos óleos, experimentó una misteriosa, increíble, recuperación ¡Un auténtico milagro! Se desgañitó pidiendo chuletón de buey para cenar, pero sólo consiguió pescadilla de enroscar.

 La bronca que le echó el oftalmólogo del Más Allá a la Muerte por haberse saltado la última revisión de agudeza visual fue de órdago. La pobre Muerte se defiende diciendo que total Repesca y Reseda son dos palabras casi idénticas y que la culpa la tiene la presión laboral que la obliga a trabajar a destajo.

 Se rumorea por los mentideros celestiales que el Jefe, Dios, está considerando la posibilidad de abrirle un expediente disciplinario ¿Y si la sancionaran con una temporada de suspensión de empleo y sueldo? ¡No caerá esa breva!


https://youtu.be/Vv5v-O_Kt7k   Topo: Mis amigos ¿dónde estarán? 

Janez de Kastav, Danza macabra de la iglesia de Hrastovlje (Eslovenia), 1480.


 Pieter Brueghel el Viejo, El triunfo de la muerte, hacia 1562. 

Comentarios

  1. No solo es muy bueno. Es un clásico.

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  2. Muy bueno Mercedes! Y ademas con ese humor irónico y sutil que forma parte de esa dualidad tan tuya. Me encanta.

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  3. Muchas gracias, compas.
    Salva, las ilustraciones son fastuosas y no es la primera vez que las veo, pero desconozco el autor ¿Me harías la merced de desvelármelo?

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    1. Son fragmentos. El de arriba de un tal Janez de Kastav. El de abajo es un trocito de una obra conocidísima de Brueghel el Viejo. He puesto leyenda bajo cada imagen. Todo sea por la cultura.

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    2. Gracias. Son muy resultonas, jeje.

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