Preguntas sin respuesta
Era una tarde de domingo, tan triste como sólo pueden serlo
las tardes de domingo. Torcuato Cado estaba en un estadio intermedio entre la
melancolía y la desesperación, como todos los domingos, pero un poco más.
En la duda de si tirarse por la ventana o enchufarse a la
botella de orujo que le había regalado su primo de Carballiño, triunfó la
opción etílica.
Llevaba ya más de media botella trasegada, cuando se le
apareció un tipo lánguido, con melena y gafitas de John Lennon, bueno, tan de
John Lennon que era propiamente el susodicho.
Torcuato Cado se sorprendió solo a medias y decidió resolver
de una vez por todas sus dudas vitales, existenciales y metafísicas
-John ¿Tú puedes decirme que soy un soñador?
-Yo no te digo nada, tío- Respondió Lennon en el mejor
“cheli” de Chamberí- Aún recuerdo cómo te metías con mi Yoko en los setenta y
no te lo perdono.
Dicho esto, el ex Beatle se diluyó en el éter…pero “eter”
aquí que, en su lugar apareció el triste y recientemente desaparecido Georgie
Dann.
-Georgie, ¿qué será lo que quiere el negro?
-¿A mí que me cuentas? Yo lo único que sé es que el negro no
puede… no puede dormir- respondió un Georgie Dann más centrado en asar chorizos
en la barbacoa de su chiringuito, que en aclarar ciertas cuestiones.
Poco a poco, la figura de Georgie y sus aditamentos se fueron
eclipsando, para dar lugar a una mujer joven que llevaba una melena en forma de
cortina que le tapaba media cara; pero como iba cantando: “Dama, dama, de alta
cuna, de baja cama”, Torcuato concluyó que se trataba de la malograda Cecilia.
-Cecilia, me corroe la duda de por qué el marido del ramito
de violetas oculta su amor a su esposa.
-Ufff, Yo qué sé; serán cosas que pasan en mi querida España,
esta España mía, esta España nuestra- repuso displicentemente la susodicha,
encogiéndose de hombros.
Y se fue hacia la luz blanca, donde desapareció y de donde
emergió un sujeto de cierta edad, cabello rizado, guitarra en bandolera y nariz
inconfundiblemente hebrea, en quien Torcuato reconoció a Bob Dylan.
-Bob, Bob ¿Es cierto que la respuesta está en el viento?
-¡La respuesta está en mis cojones! ¿Cómo se te ocurre
meterme en el mismo lote que a los muertos? Lagarto, lagarto, con lo contento
que estaba yo con mi Nobel de literatura ¡Vete un poquito a la mierda, tío!
El pobre Torcuato, destrozado por el trato despectivo que le
daban sus apariciones, tomó dos decisiones casi simultáneas: No volver a probar
el orujo y defenestrarse.
No puede saberse si cumplirá la primera, pero la segunda la
llevo a cabo al instante. Era un primer piso, por lo que únicamente se rompió
las piernas. Su familia le puso una cuidadora a domicilio.
La chica, para poder darse el lote a gusto con su novio en el
salón, le deja en el dormitorio, a todo volumen, una playlist compuesta
exclusivamente por canciones de Lennon, Georgie Dann, Cecilia y Bob Dylan.

Veamos:
ResponderEliminara) Entre tirarse por la ventana o beberse la botella de orujo, elige orujo.
b) El orujo le produce alucinaciones tales que para huir de ellas...
c) Opta por tirarse por la ventana.
Está claro que la decisión de beberse el orujo no correspondía a su destino, que era tirarse por la ventana. Pero como si naciste para martillo del cielo te caen los clavos, el orujo le llevó nuevamente a la defenestración.
Este relato, estupendo, contiene una lección de vida que ninguno debería pasar por alto.
Penitenciágite.
Me reí muchísimo el lunes, y me he reído aun más releyéndolo ahora. No se puede tener más arte ni mas ingenio, Merceditas. ¡Bravo!
ResponderEliminarMuy divertido, lleno de buenos golpes y aprovechando muy bien la discografía.
ResponderEliminarGracias a los tres. Disfruté mucho escribiéndolo.
ResponderEliminar¿Lo escribiste un domingo por la tarde, para combatir el espíritu tontaino de ese rato?
EliminarSí, claro y por supuesto. Además, no te quepa la menor esa por el ese.
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