MUTISMO
Podemos hablar.
Las dos únicas palabras que no supe decirte.
Las dos únicas que tú tampoco supiste entregarme.
Y después, silencio.
Recuerdo aquella última mirada,
brillante y congelada, de quien no sabe.
De quien se pregunta ¿y ahora qué?
Esa atmósfera densa que preludia finales.
Te levantaste y comenzaste a alejarte.
Yo hice lo mismo en sentido opuesto.
¿Sabes?
Siempre he intuido que giraste tu cabeza hacia mí
cuando yo miraba hacia el frente,
del mismo modo que yo volteé la mía hacia ti
cuando tu mirada no me buscaba.
Y más de una vez. Y me emociona pensarlo.
Tantas veces me he preguntado qué habría sucedido,
si nuestros giros de cabeza se hubieran sincronizado,
y mis ojos se hubieran posado de nuevo sobre ti
al compás que los tuyos me encontraban.
Nunca tendré esa respuesta.
Todavía ignoro si lo nuestro fue un adiós
o un hasta luego que cualquier día quebraremos,
inesperadamente, al girar una esquina,
en una pirueta juguetona del destino.
Sé que estas palabras no van a llegarte,
del mismo modo que,
sueño con tantas palabras tuyas
que sé que me escribiste y que nunca llegarán a mí.
No sé dónde estás, pero sí sé que este instante,
sea lo que sea lo que estés haciendo,
ha quedado detenido,
porque notaste un pellizco en tu corazón.
Lo sé, porque a mí me ha ocurrido lo mismo
hace unos segundos.
Y, aunque ya no podamos hablar, quería escribírtelo.
Y si algún día,
el universo juega a colocarnos en el mismo tablero,
recuerda que... podemos hablar.
Podemos vivir.
Pero mientras …….yo, no digo nada.

Es precioso, tendrás que continuar y encadenarlos, no te queda más opción.
ResponderEliminarVeremos..... me cuesta la vida...
EliminarMe encanta, Aurora. Yo también te quiero (en dos palabras).
ResponderEliminarGracias a las dos
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