EL PERRO DOLIENTE

El perro caliente
 

EL PERRO DOLIENTE

Nadie sabía a ciencia cierta quién fue el primero en ver al perro, pero sí dónde fue visto por primera vez.

Era un perro de tamaño mediano, con la piel moteada en tonos pardos. El cuello, demasiado largo, parecía incapaz de sostener la cabeza levantada, los cuartos traseros eran cortos, lo que le daba un aspecto extraño, como si estuviera siempre humillado.

La primera vez que repararon en él fue en un entierro. Cerraba el paso de la comitiva fúnebre con andares cansados, nada en él inspiraba ternura, salvo el respeto que demostraba por el luctuoso suceso.

Cuando llegaron a la puerta del cementerio se le prohibió el paso. Una vez dentro del camposanto, giraron vías, anduvieron sorteando pequeños pasillos en hilera de uno y al enfilar la calle del nicho destinado para el difunto vieron al perro esperando, mirando al suelo como si no pudiera soportar la pena.

A partir de ese día, cada vez que las campanas tocaban a muerto, se repetía el ritual. Siempre se le negaba la entrada, pero siempre encontraba la forma de entrar y esperar a los dolientes en la última morada del finado.

Algunos comenzaron a murmurar, se les puso el perro por montera, y aunque, molestar, no molestaba a nadie en absoluto, tomaron la determinación de espantar al chucho y deshacerse de él, so pretexto del mal agüero que parecía atraer.

Y entonces sucedió.  Un día, después de un entierro, echaron un lazo al cuello del animal y en la parte trasera del cementerio lo baldaron a palos y allí mismo lo soterraron.

Llegó el verano y pasaron muchas semanas sin que se produjera ningún óbito. Todo el mundo olvidó al perro.

Como suele pasar entre pueblos vecinos la rivalidad era feroz. Empezaron a llegar noticias, un perro, muy similar al de ellos, advertía a los moradores de posibles peligros. De esta forma iban contando….

Pues fulanito iba a salir con la barca y el perro se interpuso, no lo dejó embarcar y resulta  que en menos de tres horas la barca se hundió en el mismo puerto, si hubiera salido a faenar ahora ya estaríamos de entierro, gracias al perro ¡Gracias¡.

Y cómo esta se contaban un sinfín de historias en las que supuestamente el animal advertía de peligros y salvaba vidas.

Curiosos, un grupo del pueblo vecino, se acercaron a husmear y quedaron atónitos al ver que se trataba del mismo perro. Empezó una lucha sin cuartel reclamando la propiedad del can.

Chuletas, salchichas y cualquier hueso que hubiera hecho las delicias de perros y, por qué no decirlo, de hombres, se le ofertaban al sabueso con la esperanza de recuperarlo.

Pronto llegó el otoño y cuentan que en el mismo momento en el que el perro, loco de rabia, mordió la maroma, tirando de ella, para que no pudieran zarpar los pescadores, en ese mismo instante, repito, se vio al perro mirando indolente como embarcaban los del vecino pueblo. Resultado: se desató una terrible borrasca que hizo zozobrar el navío en el mismo caladero que compartían los dos pueblos.

Los hombres fueron al agujero, sacaron la tierra y se dieron cuenta de que allí no había restos de ningún animal.

Dicen  que desde entonces un espectro canino protege en un pueblo y presagia en el otro y a pesar de los muchos años que han pasado, algunos siguen viendo al tuso en los días de entierro. 

Y entonces sucedió     22/11/2021



Comentarios

  1. Curiosa leyenda ¡Muy bueno, como siempre, Ana!

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  2. Es una leyenda leyendada por mí. Jajajja A partir de ahora ya existe.
    Gracias.

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  3. Ser creadora de leyendas no está nada mal! Esta en concreto es excelente!

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  4. Muchas gracias Aurora, ahora resulta que desde el ordenador no puedo comentar y desde móvil sí.
    Qué raro

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