UN HOMBRE
Está sentado delante de una gran pantalla, a primera vista puede parecer un atleta, pero cuando uno se detiene a examinarlo su estética es desagradable.
Mantiene las piernas muy separadas, su pecho es poderoso, fuerte y ancho, los brazos parecen cortos para su envergadura, esa es la sensación que da porque son muy musculosos.
Lleva una barba bien cuidada, con el pelo pegado a la cara, tiene un rictus semejante a una sonrisa perpetua en su boca que deja entrever los dientes excesivamente afilados.
Sigue los acontecimientos con atención, está esperando el momento oportuno para intervenir y sabe que, antes o después, tendrá su oportunidad.
Las imágenes podrían calificarse de desgarradoras, pero sólo para los débiles, él es un hombre, no se deja engañar.
En una ocasión, cuando era muy joven, se le escapó una mueca extraña. Fue un gesto de sorpresa. Vio la carne lacerada por las cuchillas y le sorprendió que fuera roja, aunque, al fijarse mejor le pareció advertir el matiz. Era roja, pero más negra, más espesa que la sangre de un hombre, ahí radica la diferencia que existe con un ser a medio camino. Alguien que, aún, no ha llegado a ser un hombre.
Hay serrín en el asfalto, las cámaras recorren la trayectoria que la herida ha dejado en la calzada. “DOS MENOS” piensa, mientras se palpa la cruz de oro que cuelga de su cuello.
Él es un hombre católico practicante. Por supuesto sueña con una sociedad libre de maricones y de mariconadas, demasiados enfermos, campando por sus fueros, hay ya en las calles. Es un asco ver a esos invertidos meneándose como muñecas y reivindicando ¿Qué? ¿El derecho a ir contra natura?
No soporta que las mujeres quieran tener opinión, ya hay muchas “enteradas” por el mundo. Antes, hace mucho tiempo, a este tipo de mujeres los padres o los maridos las podían encerrar en un siquiátrico…. por su bien.
Sabe que tiene que ir haciendo pequeñas concesiones, nada importante, lo suficiente para que ellas sepan que es un hombre justo y que su única intención es protegerlas de cualquier mal, porque él sabe muy bien lo que les conviene.
Esa ramera blanca está consolando a un negrata impresionante. Es repugnante ver como el mono restriega su cabeza en las tetas de la cochina . Sólo pensar en el tacto de cuero de esa piel hace que sus dientes asomen un poco más y un lado de su labio suba, mostrando la repugnancia que le produce imaginar el olor de ese simio de poros abiertos.
Al fin suspira, de buena gana daría por culo a ese animal. Él no es maricón, pero aunque fuera por humillarlo se lo tiraría y empujaría hasta lo más profundo la bola de hachís que, seguro, lleva ese despojo dentro.
Él no es un pervertido, piensa mientras aspira una raya de coca. Otra cosa muy diferente son esos imbéciles que se envuelven en banderas de colores. Las normas están para ser cumplidas y el que pretenda lo contrario tendrá su merecido.
Esa puta progre le ha encendido el ánimo. Se pone de pie de un salto. Ágil, varonil, lleno de determinación se acerca al enorme espejo de cornucopia. Ese espejo le devuelve el reflejo de su alma mucho antes de que él mismo sea consciente de la trayectoria que va tomando. Lo odia, pero al mismo tiempo le subyuga. De todas formas no puede luchar contra el espejo, forma parte del trato desde el primer momento.
Unos pequeños bultos en la frente le advierten de que realmente es creyente, si crees en Dios tienes que creer en el diablo. Dualidad.
Se aleja algo preocupado por el ruido que hacen los pequeños espolones que le están saliendo en los talones a modo de pezuñas.


¿Qué has desayunado hoy? Te noto rara.
ResponderEliminarMe da miedo esa foto.
Eliminarcomo dicen por ahí .........si me tira un bocao.......
Y decías que no era bueno? Anda, corre, ves y vuela, como decía mi madre.
ResponderEliminarEra justo...y necesario. Menos mal que, al fin, lo llevaste a la tertulia.
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