LA RUEDA DE LA FORTUNA

             Elisenda López no se lo podía creer: Sus seis crucecitas estaban situadas justo sobre los seis números que acababan de salir en el sorteo del Gordo de la Primitiva. A falta de algún ser vivo a quien abrazar, pues vivía sola, se puso a bailar un vals agarrada a un cojín, con tan mala fortuna que resbaló y cayó, rompiéndose la cadera, mientras una corriente de aire se llevaba su resguardo por la ventana.

 

Facundo Sabater no se lo podía creer: Acababa de salir del especialista: Una segunda opinión para su caso, sin posibilidad de operación, de tumor cerebral. Bueno, y ahora resultaba que no tenía nada. Ni sombra de alteración alguna: Un error en las pruebas anteriores, probablemente; ni el médico se lo explicaba. Salió a la calle, con los ojos llenos de lágrimas y gratitud hacia la vida. Tan llenos de lágrimas que no advirtió que el semáforo estaba en rojo y se le venía encima un vehículo.

 

Hildegardo García no se lo podía creer: En el último examen de la oposición que llevaba preparando cuatro años, le habían tocado los dos únicos temas, de materias distintas, que no dominaba. No aprobaba, seguro ¡Qué mala suerte! De repente, vio, en el suelo, a sus pies un resguardo del Gordo de la Primitiva, cuyas seis crucecitas (detalle que Hildegardo aún ignoraba) estaban situadas justo sobre los seis números que acababan de salir en el sorteo.

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Entre tanto, la Diosa Fortuna, con una cogorza impresionante, bebía grandes tragos de su cornucopia, llena, sin duda, de alguna bebida espirituosa, néctar de dioses, ambrosía, tal vez. De vez en cuando, caía, entre beodas carcajadas, sobre el eje de la rueda que eleva o hunde nuestras insignificantes vidas, consiguiendo caprichosas vueltas, ora en un sentido, ora en otro.

 

Su compañera de juerga, Justicia, que se había quitado la venda de los ojos, pero era incapaz de enfocar, con la intoxicación etílica que llevaba encima, jugaba con su balanza, colocando en un platillo a banqueros ladrones, defraudadores fiscales, políticos corruptos y gobernantes ineptos, con lo que parecía que toda esa gentuza se iba a hundir por su propio peso, para, a continuación y entre hipidos, meter en el otro a los trabajadores, parados y pensionistas. Éstos, al ser tan numerosos, hicieron que los primeros subieran, elevándose por encima de la tierra, entre himnos de agradecimiento.

 

Después, justo antes de empezar a cantar “Olimpo, patria querida”, Fortuna y Justicia, las amigas de francachela, colocaron la balanza sobre la rueda, a la que imprimieron un impulso tal que aún sigue girando, enloquecida.

 

            Por eso está nuestro pobre mundo como está ¿O no?


https://youtu.be/oMh2Slc06Yk   The Dead South: The Dead South 

 





 

 

 

 

Comentarios

  1. Es buenísimo tu relato Mercedes. El caso es que creo recordar uno tuyo muy parecido a este, no sé ,me acordaba de la coroza de la Fortuna y la Justicia. En cualquier caso es divertidísimo e ingenioso a manta.

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  2. Recuerdo bien este relato, que es de los inolvidables. La rueda de la fortuna nos obliga, a veces, a comulgar con ruedas de molino.

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  3. A mí también me sonaba mucho, es un relato estupendo.

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