Endiviar un poema
Endiviar un poema,
comerlo en ensalada,
aliñarlo con sal,
extremar la atención,
sorberlo a cucharadas.
Majar con el mazo las palabras.
Atar las frases con hilo y cordel.
Grapar, si es preciso, los conceptos.
Afinar los matices, barnizar
y secar a la sombra del tiempo.
Puede ser una idea, dos palabras,
una vaga intuición.
Ponle piñones, entonces,
algo de aceite,
hojas verdes
ligeramente venenosas.
Acaso pimienta y sal.
Sin olvidar la intención,
curada dos noches en ironía,
o una en sarcasmo.
De allá por 2019 o anterior.


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