EL GRITO DE MUNCH
Si dijera que sentí dolor mentiría. No noté absolutamente nada, es más, si no hubiera sido porque era imposible mantenerlo oculto, ni siquiera lo sabría yo.
Ya sabéis como funcionan estas cosas: se bebe, se fuma, en fin, un auténtico desfase. Las despedidas de soltero es lo que tienen, los “amigos” juegan a ser creativos.
La cara de asombro de whatsapp tatuada en mi trasero, más bien parece el Grito de Munch, pero yo no lo supe hasta que mi novia gritó desesperada y sin embargo a mí no me causo molestias.
Tendrá que soportarlo el resto de su vida.


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