LA OROPÉNDOLA Y LA MOSCA

Me levanté como cada mañana. Las noticias en la radio formaban parte de la misma rutina: otra víctima… Se imputa…. Corrupción...…Fulanito…. Gobierno en funciones…. los índices de pobreza…. “Nosecuántos” …. Y así una retahíla interminable de noticias que podían haber pertenecido a cualquier día, al anterior, o a tres más tarde. Una bajada de tensión, o cualquier otra cosa, me sumió en un sopor profundo. De pronto yo era una mosca. Me había colado en un coche y volaba plácidamente en su interior. Los ocupantes del vehículo se aplastaban contra los respaldos u oscilaban hacia adelante, según la inercia y la velocidad, pero yo, una mosca común, no estaba expuesta a la tracción del automóvil. Esto siempre me ha fascinado, a no ser que me desmienta algún físico, las moscas no deben tener problemas en viajar a velocidad luz o sonido, pero no estoy muy segura. Empecé a preocuparme por si me alejaba mucho de mi punto de partida, desconozco las costumbres territoriales de las moscas. Me preguntaba si no sería atacada por las que habitaran en el punto en el que yo pudiera apearme. Aunque sé que “apear” no es la palabra correcta para una mosca que sale de un coche, pero no encuentro otra. Cuando pude salir estaba en el campo. En un árbol, un montón de pajarillos se afanaban, como dicen en los documentales, en la construcción de los nidos. Yo me embosqué en un cardo, fuera a ser que me tomaran por comida y acabara dentro de una molleja repleta de piedrecillas para triturar mejor. Las aves en cuestión resultaron ser Oropéndolas. No se me ocurre un nombre más rimbombante para un pájaro, pero claro, eso no depende de mí y yo siempre he sido muy espartana. Como digo, estaban atareados colgando nidos de las ramas !Quizá por eso lo de péndola¡ si es así no tengo derecho a cuestionar el nombre. El caso es que vi como una hembra se balanceaba en la cestilla y ponía tres huevos. Luego salió a volar un ratito. Momento que aprovecho un Cuco para tirar un huevo al suelo y depositar el propio en su lugar. Me entraron ganas de avisar al pajarito, pero pudo más el miedo a ser devorada y me mantuve en silencio. Me decidí a pasar unos días de campo y a observar la naturaleza. Pude ver como eclosionaban los huevos. Naturalmente uno de los pollos era muy distinto y visiblemente más grande. Nunca tenía suficiente alimento y, en menos de dos días, picoteo hasta la muerte a sus dos hermanastros quedando como hijo único y heredero universal. Los padres no daban abasto para reforzar el péndulo y alimentar al hijo de Cuca. Fue entonces cuando la oropéndola me vio, yo pensé que podía canjear mi vida por información privilegiada y antes de que me sujetara por el pico me chivé de todo lo que sabía. La oropéndola me dejó patidifusa. Me confesó que era consciente de”ello, oye”. Y que no podía hacer nada porque estaba en su naturaleza alimentar crías que estaban en su nido, fueran suyas o de cuco. Cuando le dije que no me parecía normal me respondió. – Qué zorrocotroco de mosca. Despierta, pon la radio y dime si tú no consientes que los Cucos pongan sus huevos en tu vida para que los mantengas. ¿Qué te hace pensar que eres más lista que yo? ¿Está en tu naturaleza no hacer nada? Y me asestó un picotazo que acabó de golpe con mi lipotimia y me devolvió a la realidad del noticiero del Cuco.



Comentarios

  1. Yo escribí algo breve sobre el tema de la oropéndola. Está aquí:
    https://imagoestinaqua.blogspot.com/2019/10/oropendola-en-otono-ray-charles-hit.html

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