EL OTOÑO LOCO

Se me echó encima el otoño levantándome las faldas. 
Parecía Marilyn, con unas piernas muy largas. 
Luego me quitó el pañuelo, que se quedó entre unas ramas, 
quería jugar conmigo, y que yo no me enfadara. 
Entre un montón de hojas, la pañoleta, agitada, 
parecía un estandarte, un distintivo, un blasón, 
un signo de que el otoño la bandera desplegaba. 
La blusa se me ceñía, el pelo me enmarañaba, 
pronto se puso a llover, y al punto, sin una pausa, 
salió un gran arcoíris y el sol que me recordaba 
que está loquito el otoño, que le gustan las enaguas.






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