EL OTOÑO LOCO
Se me echó encima el otoño
levantándome las faldas.
Parecía Marilyn,
con unas piernas muy largas.
Luego me quitó el pañuelo, que se quedó entre unas ramas,
quería jugar conmigo,
y que yo no me enfadara.
Entre un montón de hojas,
la pañoleta, agitada,
parecía un estandarte,
un distintivo, un blasón,
un signo de que el otoño
la bandera desplegaba.
La blusa se me ceñía,
el pelo me enmarañaba,
pronto se puso a llover,
y al punto, sin una pausa,
salió un gran arcoíris
y el sol que me recordaba
que está loquito el otoño,
que le gustan las enaguas.


Me desespera que me cambie el formato de verso, este blog funciona fatal
ResponderEliminarMira a ver ahora. ¿Es así?
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