CONCURRIDO
CONCURRIDO
El incidente ocurrió delante del “Toma y Daca”, un bar oscuro
y solitario a cuya puerta acudió solícito el dueño, Nicomedes Peso, quien se
apresuró a meter al accidentado en el local y acomodarlo, semiinconsciente en
una mesita cerca de la puerta.
Pepa Tosa, entusiasta del buen comer, que había liado a
cuatro amigas para tomar un opíparo aperitivo en el famoso “Pantumaca”, al
pasar por la puerta de “El Toma y Daca”, se quedó de piedra al reconocer al
crítico: “¡Chicas, pero si es Cristóbal Dado, aquí se tiene que comer de vicio,
hala, todas pa’ dentro!”.
Resultó que el crítico estaba para pocas conversaciones y
menos aperitivos, pero el ambiente mejoró mucho cuando las chicas hubieron dado
cuenta de un par de botellas de un tintorro cuestionable y de unos dudosos
pinchos de tortilla.
Mariam Brienta y dos compañeros de la oficina se dirigían al “Pantumaca”
para lo del vinito del viernes, pero al escuchar las risas y entrever la
juerga, decidieron recalar en “El Toma y Daca”.
-¡Menudo ambientazo! – Exclamaron, al pasar por la
puerta y al unísono, Izaskun Takinte, que iba acompañada de su novio, y Ricardo
Blado, que venía de entrenar con su cuñado y dos vecinos.
Al poco, se acercó un grupo de turistas japoneses;
después, dos jubiladas que venían de la pelu y tres coetáneos, de mirar
obras. “El Toma y Daca” ya era la apoteosis tortilleril, el descorche incontrolado
de vinos patrios y el deschape no menos acelerado de cervezas; los
panchitos circulaban de yema en yema y el jamón plasticoso del fondo de
la barra se estaba quedando en el puro hueso.
En estas que el crítico empezó a recobrar el sentido, momento
que aprovechó el tabernero para endilgarle una botella de su menor vino tinto:
“Infantones del Terruño” y una selección de las tapas menos mohosas.
Cristóbal Dado, miró en derredor, obnubilado; se puso
en pie: ya no le dolía nada y, agradecido con la vida, comenzó a grabar sus
impresiones.
- ¿Pero en qué cabeza cabe presentarme un artículo
sobre el bar más cutre de la ciudad? - inquirió, cabreadísimo, Juan Sioso, el redactor jefe de la revista
gastronómica “Come y Calla”.
- No te creas-, respondió Cristóbal. - Ese bar tiene un yo qué sé y muchos encantos ocultos. Si no, no estaría tan concurrido.
5/6/22


Desde luego haz hecho un alarde de ingenio al mismo tiempo que una crítica social de ¿Dónde va Vicente?
ResponderEliminarComo estoy muy sorda, ayer no me enteré mucho de los escritos, agradezco poderlo leer aquí y te doy la enhorabuena
En cuanto a tu ausencia en el blog, la entiendo, a Aurora y a mí nos mueve la misma necesidad que te mueve a ti.
Gracias, amiga, procuraremos volver por nuestros fueros
ResponderEliminarYa estás volviendo a tu ser. Este magnifico relato lo corrobora. Me gustó el lunes y hoy todavía mas porque he podido apreciar mejor la crítica irónica que has hecho e esta sociedad borreguil que tenemos.
ResponderEliminarYa te ha dicho Ana que nosotras estamos igual que tu. A mi particularmente me cuesta la vida escribir. No es que no tenga idea, que las tengo, es que se me hace un mundo ponerme a escribirlas. En fin, supongo que pasará.
Enhorabuena por tu relato. Es una crítica magistral
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminaresta, es mi Mercedes....
ResponderEliminar