CASA OCUPADA.

Mi amiga Encarnita había decidido , después de mucho pensarlo, empezar con obras en su casa. Soltera, recién jubilada, con una vida bastante cómoda y un ático en propiedad en el que se encontraba como pez en el agua, había llegado a la conclusión de que su vivienda necesitaba una puesta a punto. ¡Iba a cambiar toda la cocina y los baños! Después de estudiar varios presupuestos y materiales, contrató a una cuadrilla de albañiles, fontaneros, y demás, que se comprometieron a hacerlo en un tiempo que a ella le pareció aceptable, y después de darse una buena paliza recogiendo y empaquetándolo todo, se dispuso a comenzar con una mezcla de ilusión y temor a lo desconocido. Estaba un poco preocupada ante la ocupación de su casa, pero ya se había organizado para ir al gimnasio cuando llegaran por la mañana temprano, ducharse allí y luego telefonear a alguna de sus amigas, entre las que me yo me encuentro, bien para tomar un aperitivo, comer, o dar un paseo. La ropa la llevaría a una lavandería y ya está. Todo tenía arreglo. Al principio no fue tan grave. Llegaban por la mañana a eso de las 8,00 h y ella salía cortando. Después de hacer un poco de ejercicio y ducharse en el gimnasio, “bamboleaba” por la ciudad. A veces me llamaba y junto con otra amiga, íbamos a tomar una “caña“ y a charlar un rato. La cosa empezó a complicarse cuando el plazo que le dieron se fue alargando por pitos o por flautas, y un buen día decidió que ya estaba harta de comer fuera de casa. Se compraría algo y se lo comería en su terraza, así descansaría hasta que volvieran por la tarde . Entonces ella se volvería a marchar. La sorpresa llegó cuando al abrir la puerta escuchó unas voces . En su hermosa terraza habían cuatro o cinco “maromos” que estaban dando buena cuenta de “bocatas” y “twpers” con fritangas variadas, amen de tetrabriks de tintorro. - ¡ Buenas tardes guapa, ¡ es que hemos pensado que aquí se está muy bien. ¿ para que vamos a bajar a comer? La pobre Encarnita vio su gozo en un pozo, todas sus ilusiones de descansar en su terraza con ropa cómoda y fresca se fueron al traste . Pero todavía fue peor cuando entró en su dormitorio y vio dos boquetes tremendos en la pared pintada de un hermoso tono malva que a ella le encantaba. - ¡¡¡¡Ohhhh!!!! ¿Esto que es? Se ve la casa de los vecinos. ¿Y ahora que hacemos? - Señora ¿qué quiere que le digamos? Se nos ha ido la mano, pero no se preocupe que le haremos un apaño, luego pone usted un cuadrito encima y ya está. - ¡Como que ya está? ¿cómo que ya está? Quiero el mismo tono de malva de la pared antigua. - Ja, ja, ¡el mismo tono….! Eso es imposible. Le haremos un retal parecido y usted lo tapa con lo que quiera. Encarnita salió con lágrimas en los ojos porque claro, allí no le apetecía estar. La cosa se fue complicando más y más. Un buen día al llegar se encontró una adorable viejecita que le había llenado de tapetitos y fundas de crochet las tapas de los sanitarios y los botes nuevos que había comprado para la cocina. - Es mi tía Enriqueta, la pobre se aburre en casa y la hemos traído aquí para que tome el sol. Además no tendrá usted queja. Le está haciendo unos tapetes preciosos. Encarnita, al borde del colapso, no quiso responder que se podía meter los tapetitos por el mismísimo y salió de su casa pensando que al día siguiente era sábado y los fines de semana no trabajaban. ¡O dolor! A las 7 de la mañana, unas risas y gritos alborozados de niños la despertaron. Su hermosa terraza era una sucursal de Port Aventura. Allí había una piscina hinchable , un tobogán portátil, columpios, cuatro o cinco colchonetas, y hasta un cocodrilo de goma de dos metros sobre el que tres o cuatro chiquillos cabalgaban lanzando chillidos de alegría. Encarnita no daba crédito a lo que veían sus ojos. - Oiga, esto es demasiado, mi hogar se ha convertido en un sitio más concurrido que la Puerta del Sol la noche de las uvas. - Venga, venga, no se queje tanto que está usted amargada. Los niños son alegría. Cualquiera estaría encantado de que le alegraran su casa. Encarnita ya no podía más. Pero aun le quedaba lo peor. Estaba desquiciada, no podía comer, ni descansar, su casa estaba invadida por albañiles, fontaneros, familias, niños, tía Enriqueta …..en fin como he dicho antes, un sitio de lo más concurrido. Pero aun podía tener paz por la noche. O eso creía. Esta noche, cuando Encarnita ha abierto la puerta de su casa, casi muere de un infarto. Un perrazo de unos 70 kg de peso la ha derribado poniéndole las patas en sus hombros y lamiendo su cara con gran cariño. Encarnita ya no pudo más. Bajó de su casa y entrando en el portal del Banco de al lado extendió una mantita en el suelo al lado del “sin techo” que siempre estaba allí al tiempo que le preguntaba “Oye tío, ¿ me haces un ladito?”. Aurora Seguí Bielsa.



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