EL RIO DE MIGUEL

Miguel va caminando en dirección al rio. Hay una selva que cruzar antes de llegar a la orilla.  Las plantas crecen sin control y el sendero apenas se ve. No es fácil caminar por esa jungla. Miguel le da la mano a su mami porque a veces piensa que algo puede estar escondido entre las plantas. A decir verdad, él cree que ha visto seres misteriosos y se siente más seguro de la mano .

Cuando cruzan todo el entramado de plantas los cañaverales son menos espesos y ya se empieza a ver la orilla del rio que, para él, es un rio enorme y muy ancho.

Le han dicho que no puede meterse, pero le resulta imposible no entrar un poquito, notar el frio del agua y luego dar otro pasito más.

De repente está metido en su mundo, buscando tesoros y sacando piedras de la orilla. Ha conseguido muchísimas, tiene un montón que parece una montaña y entonces se le ocurre que puede sacar muchas más y construir un mundo de guijarros, algunos son  preciosos y tienen formas extrañas.

La luz del sol se está escondiendo y ha teñido el cielo de colores, rojo y malva. En algunos puntos las sombras se hacen las dueñas del rio y de pronto Miguel, ve que la Luna se refleja en el agua y un montón de seres plateados parece que han resbalado por un tobogán de luz hasta llegar al agua y moverla igual que la sopa cuando está en el fuego.

Mira hacia el cielo y piensa que son seres que habitan la luna y han bajado a darse un buen baño.

Le asalta una duda ¿Cómo se llaman los que viven en la Luna?

Su mamá le dice que son “selenitas” porque la Luna se llama Luna y  también se llama Selene. 

Miguel desea que no haya cocodrilos en ese rio porque le daría mucha pena que se comieran a los alegres selenitas.

Llega la hora de volver a casa, Miguel lanza con fuerza las piedras para que sigan ahí, como tesoros escondidos. Se da cuenta de que es fuerte, los guijarros llegan muy allá, muy lejos.

Él tiene algo de prisa por hacerse mayor como su hermano. Su hermano algunas veces invita a sus amigos a casa y otras muchas es él el que se va, por eso quiere ser mayor, para hacer todas esas cosas y parecerse a Julián.

Vuelven a casa y los cañaverales parecen llenos de monstruos, el corazón le late con fuerza y Julián no parece tener miedo.

Aunque Miguel  dibuja a menudo maquinas de monstruos y sabe muy bien cómo funcionan y la cantidad de dientes que tienen, está deseando salir del sendero y ver las luces de la ciudad.

Cuando se acuesta  tiene unos minutos para pensar que le gusta mucho que su hermano duerma en la cama de al lado y le gusta mucho bañarse en la piscina y tener un papá estupendo y una mamá que es la que a él más le gusta.

Supone que los seres de la Luna estarán bañándose aún y después subirán por  el camino de luz para dormir en sus cráteres viendo la tierra y los ríos desde allí.

Este año ha aprendido muchas cosas, a leer y a escribir su nombre, sabe contar hasta diecinueve aunque ya le han dicho que los números no se acaban nunca. Pueden contarse todos los peces del mar y siguen quedando números.

 Está contento porque nota que se está haciendo mayor.

11/07/2021.

 https://youtu.be/WUNgX09rGD0   Miguel Ríos: El río 





Comentarios

  1. ¡Qué majo es Miguelito! Ni que decir tiene que sabe perfectamente que los seres plateados son peces y viven en el río, pero le gusta fabular.

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  2. ¡Que bonito relato, Ana, me parece de una ternura indescriptible!

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