AZUL CAMPUCHEA

                                                               AZUL                     ( CAMPUCHEA  )                                  

  Regresaba del hospital en la vieja bicicleta blanca, cuando llegue al principio de la AVENUE  des petites fleurs se produjo el primer relámpago, con un intenso y largo trueno , a modo de los timbales  golpeados con fuerza  que  recordaban el inicio de “ asi hablaba zaratrusta “ y que en realidad era el preludio de un hermosísimo concierto.

 Comprendí que debía pedalear fuerte por que enseguida caerían ríos de agua, frené bruscamente, por la intrusión de una “ petite fleur “ en medio del camino, con su mano extendida ofreciéndome un plástico para cubrirme, se lo agradecí, pues ya  el agua, discurría describiendo un meandro en mi frente-ojo-nariz.

  Al llegar a la casa de Medecins du monde, era la plenitud del monzón, acompañado de sonidos que poco a poco se alojaban en mis sentidos. No quise secarme prefería notar la humedad en mi cara, y dejar que se fuera secando en el porche de la terraza.

  Tras fumarme un “porro” de la “gancha” que había comprado en el mercado esa mañana, el concierto llego a su zenit. Las enormes gotas de lluvia era el instrumento continuo con cadencias debidas a la distinta intensidad de caída, de vez en cuando una gota golpeaba directamente en…. no se que parte de un canalón que imprimía un toque metálico, configurando un ritmo propio.  Los arboles movidos por el viento creaban unos sonidos diversos, de violines, y cuerda en general …… Se sumaron las trompas de los sapos- búfalo, y sucesivamente fueron apareciendo, los oboes, los fagots los, clarinetes los tambores y todos los instrumentos que puedas imaginar, cigarras, grillos, ranas, tiros de pistola y de metralletas de vez en cuando, una granada y la percusión enorme de los relámpagos tropicales.

 Me faltaba algo, y no sabia que era, hasta que de repente apareció como leyéndome el pensamiento, mi amigo “ cri cri.” Era una especie de lagartija rara, que conocí el primer día, cuando me senté por la noche a escribir el resumen del día en mi habitación, se colocó en la pared enfrente de mis ojos, y me miraba yo diría que con ternura y nos hicimos amigos enseguida. Cada vez que se comía un insecto emitía un sonido gutural como un cricri, yo estuve a punto de espantarlo el primer día pues sentía prevención por un reptil desconocido, pero tenia carita de buena persona, y gracias a él no me picó un solo mosquito, además el tercer día llego a venir a mi mano y dejarse acariciar. Bueno… pues como decía, en ese maravilloso concierto lo que me faltaba era mi amigo “ cri cri “ que hacia algo a modo de contrapunto y me humanizaba la jornada. Bien a partir de aquí voy a dejar el maravilloso concierto que ha durado toda la noche mientras yo escribía, y voy a contemplar delante de un zumo de jengibre, el maravilloso cielo azul, que me ha dejado de regalo la tormenta al irse.

 

 

 

                  MIGUEL. para la tertulia del 26 de julio del 2021 (año de pandemia)




Comentarios

  1. Me encanta Miguel. Has logrado trasmitir toda la belleza y al mismo tiempo lo terrible de la tormenta del monzón. Casi se puede oler la humedad de la tierra mojada.

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  2. Muchas gracias por vuestros elogios.... Por fin logro entrar, el problema era del buscador, safari es una patata, y lo he hecho por chrome, y este es el resultado. Besos....

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