¡MALDITO ROSCÓN!
La noche del 5 de enero
de 2021, Rubén Juto se disponía a tomar una suculenta cena consistente en
rabanitos, zanahoria y una rama de apio. Era Noche de Reyes, pero él no pensaba
prepararse nada extraordinario; más bien, no podía comer nada extraordinario
pues su orgullosa condición de crudívoro no se lo permitía.
De repente, se hizo la
oscuridad más absoluta. Rubén Juto primero maldijo y luego encendió a tientas
una de sus múltiples velas con aroma a incienso. Entonces, a la débil luz
percibió un bulto inusual en medio de la sala. Era más o menos de su estatura.
-Atrás, ladrón, que voy
armado- gritó con una voz tan plañidera que el otro se echó a reír.
-No soy ningún ladrón,
hijo mío ¿Es que no me has visto bien? – Rubén, desconcertado, miró bien, tal
como le había aconsejado la aparición y descubrió que quien le hablaba no tenía
forma humana, sino de enorme anillo ovalado. En la parte superior, un par de
grandes guindas confitadas parecían hacer las veces de ojos y como boca, sonriente,
por más señas, lucía media hermosa rodaja de naranja.
-Hola, chico, soy el
espíritu de la Noche de Reyes, por si no te habías dado cuenta. Creo que me
necesitas. Anda, dame la manita – ofreció, sacando de no se sabía dónde una
mano con forma de haba.
-Vade retro, maldito
roscón. No quiero nada contigo, soy crudivegano. Así que ya puedes desaparecer
de mi vista.- Pero el roscón gigante no se dio por aludido y asió con mano que
más parecía de hierro que de haba al pobre hombre. “Venga ya, que se nos hace
tarde. Vamos a echar un vistazo a las Noches de Reyes pasadas; pero no cojas la
mascarilla, tontorrón: te he dicho que vamos al pasado”.
Rubén Juto, aterrorizado,
no tuvo más remedio que tirarse por la ventana, arrastrado por el súper roscón;
pero, en lugar de matarse, aparecieron ambos en una salita con su televisor de
20 pulgadas, su bailarina de flamenco encima y su mesa camilla, sobre la que
descansaban un suculento roscón y cinco tazones llenos de humeante chocolate.
Dos niños entraron corriendo, seguidos por sus padres y una abuela que, ayudada
por la garrota, también se apresuraba hacia aquellas dulces promesas.
Uno de los niños era él;
el otro, su hermano, con el que actualmente no se hablaba. Como es habitual en
estas apariciones, nadie podía ver ni al roscón ni al Rubén futuro; pero éste
lo percibía todo con total nitidez, incluso el olor, el aroma delicioso de la
masa recién horneada, de los grumos de azúcar, de las almendras tostadas, de la
fruta confitada. Empezó a salivar incontroladamente ante aquellos alimentos
nefandos, vetados en la actualidad. Su compañero, ese inicuo roscón gigante
exhalaba el mismo olor maravilloso. Enloquecido, se abalanzó sobre él con
garras y dientes.
Por la puerta de
urgencias del Hospital de Nuestra Señora de la Repesca, la madrugada del 6 de
enero de 2021, entró una camilla, empujada a toda velocidad “ ¡Creo que está
muy malito, tienen que atenderlo de inmediato!” gimió el camillero. “¿Cóvid?”, le preguntó el celador.
“Qué va, se ha pegado tal atracón que está a punto de reventar. Delira. Dice
que se ha comido un roscón de 175 centímetros de diámetro”.
-¡Qué repugnante es la
gula!-, exclamó el celador (un tal Alfonso Planucas). Con lo bien que me sentó
a mí cenar rabanitos, zanahoria y una rama de apio ¡Asco de omnívoros!


Muy divertido, jugando muy bien con los nombres, incluso el del hospital, e hilando con personajes que ya están en nómina.
ResponderEliminarEstupendo relato.
El azúcar produce alucinaciones. Ah, el hospital Nuestra Señora de la Repesca está cerca de la plaza de la Repajolera Idea, donde por cierto está la famosa ferretería de Martín Fierro.
ResponderEliminarMe perdí la última tertulia porque trabajando hasta las 3 más el tiempo necesario para el desplazamiento no llegaba ni al café.
ResponderEliminarMaldita epidemia. Montó en cólera, oiga, en cólera.
¿Que a gusto me reí, Mercedes! imaginando la manita del roscón con forma de haba, y a Ruben Juto luchando contra sus concupiscentes deseos de devorar al Roscón tamaño King Size!
ResponderEliminarLo dicho, bomba me lo pasé.