Diablo y tentaciones. Tertulia 8-9-2025
Por enésima vez el diablo
fue llevado por el Espíritu al desierto, para tentar a Jesús, quien habiendo
ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tenía hambre. Esta vez le dijo que
convirtiera las piedras en un arroz con gamba roja de Denia. Como siempre,
fracasó, pues no sólo de gambas vive el hombre, etcétera. Y le llevó a
Benidorm, donde le puso sobre el pináculo de un alto edificio y le sugirió que
se echase abajo si era Hijo de Dios, lo que evidentemente Jesús no hizo sino
que contestó como siempre: No tentarás al Señor tu Dios. Y para completar la historia, llevó a Jesús a
la Sierra de Aitana, desde donde le enseñó los reinos de este mundo, y en
particular la costa de Alicante, tan amada del negocio inmobiliario,
prometiéndole que todo esto le daría si postrado le adorase. Naturalmente,
Jesús le contestó que escrito está que al Señor tu Dios adorarás y a él solo
servirás. Entonces, el diablo (aburrido) le dejó y vinieron ángeles a servirle,
pero no hemos encontrado escrituras que digan lo que le dieron para comer y
beber. Suponemos que debió ser algo nutritivo porque después de tanto ayuno
bien lo necesitaba.
El caso es que los
precios de la vivienda (por no hablar de las gambas) continuaron subiendo como
si los persiguiera el diablo. Quizá porque también los precios querían llegar al cielo.

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