ASÍ ACABARON LAS COSAS
Ya lleva muchos días metida en la cama. Tiene la cabeza apoyada en una almohada que antes soportaba otro peso, ahora, que podía ser más liviana, está cuajada de pena. Se hunde, se empapa de dolor y finalmente le devuelve susurros llenos de su propia angustia. Ella la abraza cómo si así pudiera evitar el naufragio.
Fue una sorpresa para todos, pero sobre todo para ella. No se sabe cómo pasó, fue una discusión normal, un desencuentro intrascendente, una chorrada que inesperadamente acabó con un órdago fuera de tono.
–Así no podemos seguir. Y una respuesta contundente. – Es verdad, tienes razón, así no podemos seguir. Lo dejamos.
Eso fue todo. Así fue como acabaron las cosas. Él, rápidamente, lo hizo público y nos comunicó que se separaban. Eso nos hizo saber a todos que no había marcha atrás, no era un calentón. La idea anidaba desde hacía mucho tiempo en su cabeza. Puede ser que él mismo se diera cuanta de golpe.
Ella, sin saberlo, abrió una rendija por la que él coló la punta del pie para que no pudiera cerrarse.
Ni mejor, ni peor uno que otro, ni terceras personas. Fin del amor.
Ahora tocaba hacer lotes. Lotes con los libros, con el dinero, con el tiempo de los hijos y lotes con los amigos y con la vida social.
En el paquete que él, generosamente, le cedió estábamos casi todos. En realidad estábamos todos porque con los años los dos estaban más cerca de los afectos de ella.
Alguien le ha dicho que es más llevadero quedarse viuda, es más fácil de entender, no te hace pensar que has fracasado.
No le desea la muerte, pero se da cuenta de que una viuda no es abandonada, no queda humillada.
Podría recordar mintiéndose, pero ahora es imposible engañarse. Es un caso perdido y se pregunta desde cuando su vida era un castillo de naipes, una estructura efímera que al envite de la primera ola se ha derruido.
Esto, para los demás, para nosotros, ha sido algo parecido a ver un accidente de tráfico en la carretera, instintivamente levantas el pie del acelerador y conduces muchos kilómetros encogido, con todos los sentidos alerta. Con miedo a que se produzca en cadena y que todos quedemos con la vida desbaratada.
Nadie quiere despertar sentado chupando un palo sobre una calabaza.

Salva, qué susto me he llevado, la foto que has puesto es la que utiliza mi hijo para el perfil del móvil.jajajaj.
ResponderEliminarJack Nicholson en una interpretación clásica.
EliminarYa, pero ahora cuando lo veo creo que es mi hijo.
EliminarSupe enseguida que era tuyo. Precioso , precioso. Bello en su tristeza y tan real...
ResponderEliminar