Y sentirán crepitar el fuego
Abro la ventana y la dulce tarde de marzo me complace.
No me engaño. Sé de las ratas y su callado discurrir.
Por eso puedo discernir su arrastrado pensamiento.
sobre la arena allanada por el viento.
Viento tan suave que te puede llevar los ojos.
Es el rastro de sus colas, de sus garras, de su paso renqueante.
El imperdible rastro de su locura.
Más mi sonrisa es amable y luminosa. Les conviene evitarla.
Piadosamente, mata.
Muy pronto, enseguida, ahora, notarán el calor
y sentirán crepitar, vivaz y alegre, debajo y alrededor,
el fuego.

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