UNOS PASOS EN LA ESCALERA ...

Mi abuelo tenía una memoria prodigiosa y sobre todo una gran imaginación y esa chispa en sus ojos que encandilaba al grupo de niños que lo rodeaban, en la vieja cocina de leña de la antigua casa familiar. Nadie como él para relatar historias de seres fantásticos. Algunos benéficos como las hadas, sílfides, gnomos y elfos, de los bosques .Pero otros no tan amables como los fantasmas, ánimas y espíritus, también hacían su aparición. Esa noche era noche de difuntos y mis primos , mi hermano y yo, sentados en el suelo alrededor de mi abuelo, esperábamos expectantes, las castañas y boniatos que mi abuela asaba en una sartén de hierro y sobre todo la historia de aparecidos que mi abuelo nos iba a contar. - Abuelito tengo miedo, - decía yo , que era la nieta preferida por ser la mayor y llamarme como mi abuela. - Ven aquí, nena y cógeme la mano , ya sabes que tu abuelo nunca dejará que te pase nada malo, ni a ti, ni a ninguno de mis nietos - decía , para que nadie tuviera “pelusa”. Y el abuelo, como solo él sabía hacerlo, empezó a relatar su historia mientras nosotros, con los ojos como platos, nos hinchábamos de castañas. - Hace muchos años y en esta misma casa, yo era un muchacho imberbe, que como todo chico de mi edad, 15 años, solo pensaba en las chicas y en salir con mis amigos a pescar, o a cazar gorriones en una cabaña que tenía en un bancal de la finca , en donde ponía redes para ver si caía entre los gorriones alguna “cagarnera” o jilguero. Ese fin de semana, había venido yo solo, con mi perro. Mis amigos me habían fallado, así que acompañado por mi fiel Tom, emprendí andando el camino de 10 Km que separaban la finca de la ciudad. Llevaba en mi morral un bocadillo de queso que me había preparado mi madre, una manzana y una botella de agua. En aquellos tiempos de posguerra no había mucho más. Cuando llegué ya era de noche, y en aquella oscuridad, la silueta de la casa imponía e incluso asustaba un poco. Abrí la cancela del gran portón con las iniciales de la familia grabadas y entré en el jardín-. Encendí unas velas que me había llevado, de más está decir que no teníamos electricidad, y después de cenar frugalmente y darle a Tom unos huesos que le había llevado, subimos al piso de arriba por los viejos escalones de madera que crujían al pisarlos, alumbrados solo por la luz de un candil. Yo era terriblemente miedoso, la verdad, cuando mis amigos me dijeron que no venían, estuve a punto de abandonar el plan de la caza , pero luego me picó un poco el pundonor y decidí continuar con lo previsto. Me tumbé en la cama con Tom al lado y me dormí enseguida , porque antes del amanecer tenía que levantarme para poner las redes en la cabaña. No llevaría más de media hora durmiendo cuando me despertó lo que yo creí que eran unos golpes dados con un mazo sobre la madera de los escalones. POM, POM, POOM, POOOOOMMMM. Cada vez sonaban mas fuerte y mas cerca. De pronto Tom se levantó de un brinco, la piel de su lomo se erizó, y empezó a emitir un rugido que puso mis pelos de punta. POM, POOM POOOMMM, POOOOOMMMM, Cada vez mas cerca, cada vez mas fuertes,. Inexplicablemente, la actitud de Tom cambió . Se dirigió a la escalera moviendo la cola y dando saltos de alegría. Mi abuelo hacía un par de meses que había fallecido. El perro sentía adoración por él, que siempre llevaba un bastón para apoyarse, pues por la edad tenía una ligera cojera. Prestando atención me di cuenta de que lo que yo creía golpes de mazo, era en realidad el sonido de un bastón sobre la madera. Completamente aterrorizado cogí a Tom e incapaz de bajar por las escaleras salimos por la terraza descolgándonos por las ventanas y las ramas del olivo que crecía en el huerto. Volví a la ciudad descompuesto, asustadísimo y pensando yo no sé qué. Al contarle a mis padres lo que había pasado decidieron ir a ver por si había entrado alguien a robar. Cuando llegamos , aparentemente no había nada que hiciera pensar que alguien hubiera estado allí, pero al subir por las escaleras a la habitación en la que yo dormí y de la que huí despavorido, la sangre se heló en nuestras venas. El cielo raso junto con el techo se había desplomado por completo sobre la cama, justamente encima de donde yo dormía. Si no hubiera salido de esa cama, hoy no estaría aquí. Siempre pensé que mi abuelo había vuelto de su tumba para avisarme.------------------------------------------------- 

Relato la historia tal y como mi abuelo nos la contó a todos los niños de la familia, y que esa noche, como cada año dormimos todos juntos con los abuelos, amontonados en la misma cama, abrazados y muertos de miedo. 

Aurora Seguí Bielsa.




Comentarios

  1. Ese abuelo tuyo te marcó, debió ser muy especial, mientras lo nombras sigue vivo

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares