EL GRAN VENDAVAL

Fue aquel un vendaval cómo no se había conocido nunca. Al principio todo empezó de la manera que suelen empezar estas cosas, volaban los toldos, se volvían del revés los paraguas, las ramas de los árboles amenazaban con desprenderse, y se desprendían.

La gente iba por la calle encorvada hacia delante, luego, algunas ráfagas, enderezaban a los que caminaban  en contra del viento y los doblaba extrañamente hacia atrás.

Una señora llevaba un perrito atado por la correa, parecía una alegre sicópata haciendo volar a su mascota cómo a un cachirulo.

Las redes sociales se llenaron de insultos hacia la señora, muchos pedían la muerte para ella, que dicho sea de paso, entre tanto insulto, no sabía si tirar de la correa para recuperar al can o dejarlo suelto para librarse de los improperios.

Arreció el viento y se vieron volar cosas que antes reptaban, contenedores de papel, los amarillos del plástico e incluso uno de reciclaje de aceite que contribuyó, y mucho, a empeorar la situación. El aceite se fue derramando por el aire y pequeñas gotas  de sebo hacían de prisma con la luz, distorsionando aún más la realidad.

Pero lo insólito, lo nunca visto, fue que empezaron a volarse los pensamientos de las cabezas de las personas.

Para que se entienda, si un señor de izquierdas estaba pensado algo izquierdoso, esto se elevaba de su sesera y se mezclaba con cosas superheavy que a él nunca se le hubieran ocurrido. Así, y al mismo tiempo, personas muy puritanas, veían como se les escapaban sus fantasías, sexuales o no, y quedaban al descubierto.

Los hijos no se atrevían a pensar cerca de sus padres y los progenitores procuraban mantener la mente en blanco para evitar malos rollos.

Volaban incluso vocablos que no habían llegado a pronunciarse. Es más, el viento arrancaba de las páginas palabras que quedaban estampadas en los cartones de desecho, haciendo ilegibles los textos.  Las virgulillas, las diéresis, se posaban donde les daba la gana y las comas se daban la vuelta. Parecían textos en francés o algo peor.

 Por fin se hizo realidad la frase hecha de “SI LAS PIEDRAS HABLARAN”. En el congreso de los diputados, empezaron a salir volando historias que parecían brotar de los leones del congreso y créanme, dijeron cosas muy raras.

Los políticos se hicieron el firme propósito de tomarse muy enserio el cambio climático. Era más de lo que cualquiera podía soportar, aunque, la verdad sea dicha, todo iba tan rápido y volaba todo tan alto que al final nadie sabía de quien era aquella palabra, aquel sofisma o esa otra introspección.

Fuere como fuere, es bien sabido que después de la tempestad siempre llega la calma y, aunque aquello se hizo eterno, por fin amainó el temporal. Una pesada bola inmensa se desplomó en el centro de la Plaza Mayor.

En aquella amalgama de recuerdos, pensamientos, palabras, perritos con correa y contenedores de papel, se llegó a la conclusión de que sería muy trabajoso deshacer aquel pegote aceitoso, aunque  muchos filósofos contrataron a obreros con mazo en mano para ayudar.

Que si esta idea era mía, que si aquel pensamiento tan chulo lo tuve yo, que si esa barbaridad yo nunca la he pensado. En fin, años de dura reflexión perdidos.

Muchos temían lo que se pudiera escapar de aquel maremágnum.

Así es que se tomó la decisión más tradicional, la más clásica de todas. La que se suele tomar con las cosas que no se entienden. Prender fuego a aquellos pensamientos y quemar todas aquellas palabras.

 


Comentarios

  1. Ingeniosa historia. Me gusta.
    Yo también escribí algo sobre el viento:
    https://imagoestinaqua.blogspot.com/2019/07/viento.html
    https://imagoestinaqua.blogspot.com/2019/02/un-golpe-de-viento-esperanza-spalding.html

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    1. Pues me ha gustado todo
      El poema, el pequeño relato y el peine del viento.
      Qué blog es ese en el que hay un comentario de Fernando?

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    2. Muy bueno Ana! ¡y aunque digas que no, lleva tu sello!. muy, muy original. Me ha gustado

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