Yo no soy gafe
¡Qué dolor, amor mío! Lo
habría esperado de cualquiera, menos de ti ¿Cómo has podido creer las
habladurías, dejarte llevar por la corriente, tener tan poca confianza en mí?
¿Tú sabes lo que es ver que
tus conocidos te rehúyen porque piensan que das mala suerte a quien comparte tu
vida, en definitiva, que eres un gafe? Es muy frustrante y te ves abocado a la
soledad más ignominiosa.
Cuando te conocí (tú que eras
nueva en el pueblo y nada sabías de mi vida, que no tenías ninguna referencia
sobre mí), vi el cielo abierto y me las prometí muy felices. No quería que te
enterases de que la gente me tachaba de gafe y los motivos por los que lo
hacían, aunque confiaba plenamente en la fuerza de tu amor
La pena es que, al poco,
los vecinos te empezaron a envenenar con chismes. De modo que te confesé que,
cuando era pequeño, se morían sistemáticamente todas nuestras mascotas, al poco
de llegar a casa. Recuerdo las tragedias familiares al ir perdiendo el
jilguero, luego un hámster, después una gatita y, por fin, nuestro perro, un
precioso cachorro de pastor alemán. Siempre fallecían cuando se encontraban a
solas conmigo y por eso creo que mis padres y mi hermana empezaron a sentir
cierta aprensión por mi mal fario y ya no consintieron en llevar ningún animal
más a casa.
También te referí cómo
murió mi hermana, cuando ella tenía 12 años y yo 14, mientras nuestros padres
estaban en el cine. Fue un accidente tonto, una caída más tonta aún, el pico de
una mesita baja que se interpuso en su trayectoria. Por supuesto, papá y mamá no
me hicieron reproche alguno, pero a mí me pareció que, a partir de entonces,
sentían aprensión en mi proximidad.
Y, por último, que mis
padres también fallecieron, un par de años después, al incendiarse nuestra
casa. Yo me salvé, pues había salido a montar en bici.
Cuando advertí tu
expresión horrorizada, te juro que se me cayó el alma a los pies ¡Tú también
pensabas que yo era un gafe!
Pero las cosas no son
siempre lo que parecen: Ahora, cuando ya no tiene remedio, te explico que mi
jilguero cesaba de cantar en cuanto me veía, que el hámster me mordió, mi gatita
me hizo un profundo arañazo, el perro me gruñía, mi hermanita era
completamente insoportable y la preferida de mis padres; y éstos no me dejaban
vivir, siempre con prohibiciones, siempre coartando mi libertad.
Yo no soy gafe, yo, no;
de eso nada. Únicamente, sé lo que me conviene y, para estar rodeado de
indeseables, mejor estoy solo. Creía que tú me ibas a comprender, pensaba
compartir mi vida contigo; pero ¡ay!, has resultado ser igual que los otros. Me
has salido rana, querida. Por eso no he tenido más remedio que eliminarte. Como
a los demás.



Un relato sorprendente y estupendo, me gusta muchísimo.
ResponderEliminarPues muchas gracias, amiga.
ResponderEliminarYa te lo dije, me encantó, digno de figurar en un libro de relatos de suspense. Muy bueno, me encantó.
ResponderEliminarBonita historia. he optado por dos ilustraciones relacionadas, una con la literatura de crímenes (sé que te Agatha Christie goza de tu predilección) y otras con el cine sanguinario.
ResponderEliminar