CAPÍTULO I (Primera parte)
El Sol calentaba la arena. Cuarenta y cinco grados centígrados sobre cero marcaba el termómetro. La playa rebosaba una tremenda animación y agitación, en el primer sábado del mes de agosto. Niños y mayores jugueteaban con pelotas de baño, o hacían castillos de arena junto a la orilla azul del Mediterráneo. Gentes de diversas nacionalidades (franceses, ingleses, alemanes, holandeses, etcétera) llenaban el gran recinto playero. El fuego del calor era implacable, nadie podía escapar de su furia, que aplastaba a las personas como viles cucarachas, contra el suelo. Un vendedor de periódicos vociferaba títulos de diarios:
- Daily
Expres, France Soir, Neue Presse…
Elena se frotaba
con sus manos sus lindas piernas, desde abajo hacia arriba. El tubo del
bronceador estaba ya casi vacío de crema. A este paso, Elena se pondría más
morena que una negra del Congo. José Luis elevó el volumen del receptor de su
transistor.
-
Te
acompaña Radio Popular. ¡Hola amigos, nuevamente con vosotros “Aixará”, vuestra
revista musical!…
Julio Cortázar y
Rayuela descansaban sobre el bolso de las sorpresas de Elena. Una cartulina
sobresalía del libro.
José Luis
recordaba todavía el invierno. El primer día de conocer a Elena, hablaron
mucho, tanto que él mismo se sorprendió de que se pudieran enrollar, tal como
lo hicieron. El segundo día siguió al primero, el tercero al segundo, y así
transcurrieron las semanas y los meses, enero, febrero, marzo…, y ahora agosto.
Los meses fueron desvaneciéndose en ilusiones y en desilusiones.
Los primeros
momentos de la relación, fue una toma de contactos, algo fría y tímida. Después
un cómodo dejarse llevar por las circunstancias, hasta ahora. En pleno periodo
estival, en el que una tormenta de lluvia inmaterial y grisácea presagiaba
malos sortilegios.
John Mayall (voz,
armónica, piano, órgano y guitarra) interpretaba “First time alone”, tema
perteneciente a su álbum “Blues from Laurel Canyon”, melodía triste y
melancólica.
No era cuestión de
empezar de nuevo, de olvidar de un soplo todo el tiempo transcurrido, ni de
poner parches al neumático inservible. La única solución era romper de una puta
vez, acabar con esta absurda y ridícula situación, insertando todas las
connotaciones que se puedan hacer. José Luis muchas veces se preguntaba a sí
mismo, si quería a Elena, o no la quería. Y siempre la respuesta era algo
indefinible e inconcreta. Una cosa era cierta: la presencia de Elena le era
imprescindible, le producía un estado de confianza.
En este momento,
sobre la playa, llena de gente, era la ocasión, la mejor ocasión, sin lugar a
duda, de plantear el problema que le acuciaba, sin sentimentalismos idiotas.
Estaban solos, nadie que les molestara, sin miradas de detectives o de espías
que pudieran inmiscuirse en el diálogo. Había que acabar todo, separarse…
“Compréndeme Elena, esto
ya no es lo que era, hay que comenzar una nueva vida, descubrir caminos
ignotos.” Nunca mejor que ahora, exactamente a las doce horas y veinte minutos
de la mañana, del primer sábado del mes de agosto de 1973.
(To be continued)
JOSÉ RAMÓN
CELDRÁN MALLOL
De aquellos
años 70 y pico


Justo entonces, a las doce y veinte de aquel sábado de agosto de 1973, el puño de Elena se estrelló, con gran fuerza, en las narices del incauto. Rápidamente comenzó a manar la sangre pero el maromo ni siquiera tuvo tiempo a ver el puñado de arena que le entró en los ojos, mientras resonaban las maldiciones en lo que, indudablemente, debía ser español pero al golpeado le sonaba como un torrente de imprecaciones en arameo, pues el golpe también parecía haberle trastornado el oído. Así comenzaron los nuevos horizontes de este joven imprudente en aquella playa batida por el sol.
ResponderEliminarAparte de lo cual se avecina una reclamación del Sindicato de Cucarachas y Amigos de las Cucarachas porque lo de "viles" vulnera los principios más fundamentales del movimiento animalista.
Me sorprendes. Muy chulo.
ResponderEliminarA mi no me sorprendes porque yo conozco muy bien a los protagonistas, casi tanto o más que a Marivi.
ResponderEliminarAdemás, les tengo mucho cariño, tanto como a aquellos maravillosos años.
Gracias a todos por vuestros comentarios en mi rescate de aquellos años de mi juventud.
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