NAVEGANDO CON BUEN RUMBO
No sé cómo abordar esta cuestión. Mi amiga me ha dicho que no tiene la cabeza para vergas. Francamente, tener en la cabeza la verga no me parece buena idea, puede causar desazón, la imaginación es libre y se te puede cruzar un pensamiento procaz en un momento poco adecuado. Soy más partidaria de darle su lugar.
Tengo también un amigo que me dice que no sabe como meterla… “la verga digo”… en el escrito.
Yo he de reconocer que las vergas me imponen, me las imagino incisivas, nerviosas, delgadas y afiladas, hirientes, poco gráciles y dispuestas a zarpar sin prepararte y sin soltar amarras, por las bravas.
Suelen ser el apoyo para entrar en el carajo que tampoco parece muy acogedor, aunque a mí me da la impresión de que es más cómodo acomodarse en el carajo que estar a horcajadas en la verga.
Yo prefiero la protección del trinquete, no es por tamaño, pero me gusta encontrar refugio al socaire y disponer de trapo suficiente. Me da goce ver a la mesana hinchando el lienzo, recogiendo impulso para el envite. Me gusta que el mástil se comporte aventón, volón. Que cabecee seguro, con ritmo y esplendor.
Sí, sí, sobre todo con esplendor.
La botavara puede llegar a ser peligrosa, si te despistas y viene sin esperarla te puede dar un jetazo y dejarte fuera de juego. No, es mejor trabajarla y estar alerta para poder conducirla a buen puerto. La puedes orientar a babor o a estribor, incluso puede resultar graciosa cuando es salpicada de espuma. Lo importante es fijarla para que su vaivén no te maree.
En realidad una arboladura demasiado aparatosa no favorece la navegación. El palo, cuando es mayor, se debe comportar con paciencia y ser consciente de su tamaño. No vale el dicho de “dame burro grande ande o no ande”.
Es conveniente una travesía lenta y sosegada. No pasa nada, es igualmente placentera, o más. Si tiene que hacer las veces de submarino, pues lo hace. El palo mayor va al centro, así que tiene que estimular a la dotación para que esté bien dispuesta a abrirse para él, a entregarse sin reservas. Si es necesario lubricar, se lubrica y se penetra en profundidad y con serenidad, con mucho equilibrio. Si hablamos en lenguaje marinero es un ejercicio de inmersión.
Con buen viento y mano firme, el timón responderá a nuestras expectativas. En estos casos es muy conveniente fijar un rumbo de colisión.
El leve crujir de los palos, la superficie encerada de la cubierta, el mascarón de proa y la popa abierta del navío harán que tengamos una buena traviesilla (perdón, travesía).
2/04/2025
444 palabras


Muchas gracias Salvatore, no sé porqué está tan rebelde el puñetero blog.
ResponderEliminarPuede que no sea el blog lo que se rebela.
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