VOY A CASA DE MI MADRE
Siempre es sábado en mi infancia,
siempre brilla el sol con fuerza,
sobre el tapete de hule,
se prepara la merienda.
Mi madre siempre sonríe,
la perra la mira inquieta,
espera que de su mano,
algún manjar se desprenda.
Mi abuela se está enfadando.
No le des pan a la perra,
¿No sabes que un mendrugo
no tenía yo en la mesa?
Madre, no te enfades tanto,
no pienses más en la guerra,
que ya pasó aquel momento,
y ahora la vida es esta.
Tenemos pan…. y tomates,
tenemos la mesa llena,
deja que el sol nos caliente,
y no vuelvas a la pena.
En la casa de mi madre,
La luz entraba con fuerza,
cuando abría ella los ojos,
brillaba la vida entera.
Hoy es sábado de gloria,
como cuándo era pequeña,
voy a casa de mi madre,
qué ganas tengo de verla,
hace más de una semana,
que no puedo estar con ella.
Se me adelantó la muerte,
ha llegado antes a verla
me la arrebató de cuajo
y se la llevó con ella.
La casa no tiene luz,
Se ha llenado de tristeza,
sólo me quedó su aroma
Ya no tengo su presencia.


maravilloso querida Ana...
ResponderEliminarMaravillosísismo en el fondo y en la forma. Es un ROMANCE, de tomo y lomo.
ResponderEliminarAna, me tiro piedras como losas a mi tejado, pero dedícate a escribir poemas.
Muchas gracias a los dos, la verdad, al ser autobiográfico ha salido solo, encima se acerca el sábado de gloria.
ResponderEliminarAna, estoy llorando, lo cual aunque no es raro en mi, tampoco lo hago por cualquier cosa. Es un poema maravilloso, y te digo como Mercedes, Aunque me tire yo misma piedras a mi tejado, ¡dedícate a escribir poemas!
ResponderEliminarMuchísimas gracias a los tres.
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